La cultura chatarra
Así como existe la comida chatarra que sabe muy sabrosa pero que en lugar de alimentar o servir para la salud de los hombres hace todo lo contrario, en el campo de la cultura existen productos con las mismas características pero que por lo general pasan desapercibidas por ser su uso común. Nadie las considera dañinas.
Una muestra de ello son las recetas mágicas que prometen acabar con todos los perjuicios y que se anuncian ampliamente por los medios de comunicación. En esto ya está poniendo manos nuestro querido congreso (vaya hasta que al fin). La prohibición es requerida porque quienes más la padecen son las clases bajas que con poca información tienden a creer cualquier mentira disfrazada de verdad y se dejan desplumar sin conseguir beneficio alguno.
Tradicionalmente, el hombre tiende a creer lo que le conviene creer para solucionar sus problemas. Intenta enfrentar el futuro queriéndolo conocer en las bolas mágicas o en las cartas; no estoy muy seguro si teniendo un sentido trágico de la historia como los griegos y quitarme así toda responsabilidad sobre lo que me pase en la vida, o sea para que conociéndolo sepa cómo enfrentarme a él con varitas o pociones mágicas.
Pero así como siguen existiendo este tipo de cosas que no tienen ningún tipo de sustentación más que la credibilidad de las personas, hay otro tipo de cosas que también juegan con la credibilidad de las personas.
Los medios de comunicación están llenos de artículos chatarra que precisamente están hechos para el úsese y deséchese. (Es lo mismo que hacemos con la comida chatarra sin que nuestro cuerpo o mente obtenga ningún beneficio nutritivo).
La música chatarra es un ritmo pegajoso y simple; entre más pegajoso y simple sea mejor. Es un ruido generalmente hecho para bailar y muy poco para escucharse. (El bailar no implica pensamiento, la función más importante de los hombres. El escuchar sí implica ponerse a pensar en la significación de las palabras).
Por la razón expuesta en el párrafo anterior las letras carecen de lógica o son muy repetitivas; caen en lo común. Dicen lo que todas las canciones dicen, no tienen ninguna originalidad, ni les interesa ser originales. Carecen de toda creatividad y definen de la misma manera lo que todo mundo ha definido. Hay un paradigma (Una receta de cocina) que les muestra lo que ha funcionado siempre.
Los compositores pueden permanecer en el anonimato porque carece de interés saber cómo se llaman. Son canciones que compone cualquiera. (Los compositores que sí valen son aquéllos que tienen nombre y apellido porque poseen una creativa única y distinta a todos los demás). Si esto es en el campo de la letra en el campo de la música a lo único que se concretan, como ya lo dijimos antes, es a copiar un ritmo que adornas con algunas armonías pero sin ningún desarrollo de frase musical.
Otros ejemplos de productos chatarras culturales dañinos son los programas de comentarios que más que nada explotan el morbo al no existir ningún material gris que se pueda explotar. Llenan al público mexicano de las intrascendencias de personas idiotas que no tener ningún talento prostituyen sus vidas para que los medios hablen de ellos y así se les consuma. “Los famosos” son la gente mediocre que incapaz de aportar un beneficio para la sociedad la llena de heces, (inclúyase a los reporteros que se complacen con este tipo de noticias, lo más fácil de vender, porque están incapacitados para producir otro tipo de productos de mayor calidad).
Aquellos personajes que han dado beneficios a nuestra patria o que lo están dando, ni siquiera se habla de ellos. Ni de las personas que actúan en obras de altruismo, en obras sociales, comerciales, industriales, culturales; el campo deportivo corre con más suerte porque a fin de cuentas es un negocio que deja pingües ganancias. Para la información cotidiana no importa construir positivamente al mundo. Lo que importa es hablar de la negatividad como si nos complaciéramos en nuestro propio fracaso. Lo que importa no es alimentar las conciencias de contenido, sino adormecerlas, conformarlas, hacerles creer que el espíritu mexicano no es apto para consumir productos de primera calidad y de que telenovelero, (con las mismas historias de siempre) no ha de pasar.
Si nuestro Poder Legislativo ya comenzó a sanear nuestra ecología poniendo límites a los charlatanes que estafan a la credibilidad de la gente, debe de continuar; frente a ellos se erige todo un bosque de donde talar.
¡Será posible vencer a Don Dinero?
JOLHE@hotmail.com