Esposas de bomberos, el otro escuadrón
RESPALDO
Las familias son una parte fundamental en el desempeño de los elementos de Protección Civil; de ellas reciben el apoyo y la admiración para seguir adelante en el trabajo que desempeñan.
Durango. Cada jornada, cada llamada de auxilio o cada servicio puede ser el último que cubran. El trabajo del Cuerpo de Bomberos implica riesgos que ponen en riesgo sus vidas y aunque son conscientes de ello, quienes verdaderamente sufren esa angustia son sus familias. Araceli y Manuela son esposas de dos elementos de Protección Civil, y el más vivo ejemplo de que en algunas ocasiones pesan más el miedo y la incertidumbre, que el orgullo.
Compartiendo el sueño. Araceli Contreras Flores lleva diez años casada con Rafael Román Rosales y ha sido testigo fiel de cada una de las jornadas de trabajo que su marido ha pasado, desde que pertenece a la Dirección Municipal de Protección Civil. “Siempre fue su sueño, siempre quiso ser bombero; una vez fue a Recursos Humanos para ver si había la oportunidad y de plano le dijeron que no se podía, estaba desilusionado y así lo dejó por un tiempo, yo hasta creí que ya se le había pasado (risas)”.
“Pero un 22 de marzo de hace cinco años, le hablaron y le pidieron que se presentara al día siguiente”, recordó emocionada Araceli pues, dice, ella misma le dio la noticia que lo alegró tanto. Rememoró también que luego de acudir al llamado, Rafael regresó contento a casa por conseguir lo que tanto había querido. La pareja ahora tiene dos hijas y un bebé de cuatro meses.
Con los nervios de punta. Manuela Jáquez Soriano es la pareja de Francisco Javier Medrano González desde hace 16 años y, aunque desde que se conocen él se ha desempeñado en el Cuerpo de Bomberos, no se acostumbra a su trabajo. “Es que soy muy nerviosa y como vivo aquí enfrente, cada vez que se oye la sirena salgo a asomarme para ver si sale él o qué pasó”.
Reconoce que los nervios que siente quedan de lado al saber que Francisco Javier hace lo que tanto le gusta.
Angustia y desgaste. ¿Qué siente cuando su esposo sale a trabajar?, se le preguntó a Araceli. De inmediato la voz se quiebra, la cabeza se agacha y los ojos lloran: “angustia, de que se va a trabajar sabiendo que expone su vida, porque es un sacrificio el trabajo que ellos hacen por lo que ganan. La verdad es que nada lo repone, se requiere mucha fe”.
Manuela también tensó la voz, la mirada refleja la búsqueda de los momentos que tanto angustian a Francisco y lo recuerda muy bien. “Cuando cubre accidentes donde hay niños, llega muy desgastado y hasta para nosotras es muy desgastante porque a final de cuentas a nosotras nos toca tranquilizarlos”.
Ambas reconocen que también hay momentos alegres, pues los dos elementos de Protección Civil desahogan lo mismo tristezas que alegrías; este último caso se presenta sobre todo cuando les entregan uniformes y equipo. Esto también las alegra a ellas.
El otro escuadrón. Es ese proceso de compartir las experiencias, tristezas, alegrías y molestias lo que hace que prácticamente las esposas sean también parte del Cuerpo de Bomberos. Es cierto que ante algunos hechos que se han suscitado, los “tragahumo” han protagonizado las principales notas de muchos medios de comunicación, enlazando sentimientos de orgullo y angustia entre su familia.
Tal es el caso de la familia de Araceli, quien reconoce que su hijo mayor “quiere ser doctor y también bombero; es su decisión y hay que apoyarlo en lo que sea. Lo bueno es que todavía falta mucho”. Con dos bomberos en la familia sería doble orgullo y doble angustia. ¿Qué puede más?, se le preguntó a la madre de familia. Respondió sin dudarlo: “puede más la angustia”.
Manuela confesó que su hija menor es quien quiere ser bombera, pero duda que siga el camino de su padre.
Piden más recompensa. Las parejas de los bomberos reclamaron las tantas prestaciones que les han prometido y no les han cumplido, como es el caso de las viviendas que dijeron que les iban a facilitar para que tuvieran un patrimonio propio. Otro de los puntos que mencionaron y conocen con toda precisión es el de los uniformes, pues todos los días les piden que porten el uniforme más nuevo pero sólo les dan uno, por lo que tienen que lavarlo todos los días y plancharlo cuando en ocasiones resulta muy complicado para ellas.
Apoyo incondicional. Francisco Javier valora la compañía y el apoyo que su pareja le da, “es muy bueno tener su apoyo porque está al pendiente de mí. Cuando salgo me da la bendición porque uno bien puede volver pero ya en cajón”, comentó. Por su parte, Rafael confiesa que le emociona regresar a casa, ver que todo está bien “y que me reciban con felicidad”; pero ambos entienden la preocupación con la que se quedan tanto ellas como sus hijos.
“Agradezco el apoyo que me has dado, nunca te lo he dicho, y tantas otras cosas que no te puedo explicar. Gracias”, le expresó Rafael Román a su esposa.
“Gracias por el apoyo; te pediría que me sigas apoyando, porque sin tu apoyo no se puede dar el máximo”, le recitó Francisco a Manuela.
Juan Manuel Cárdenas
El Siglo de Durango