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Fidel

Diálogo

Yamil Darwich

El primero de agosto de 2006, Fidel Castro Ruz se comunicó con el pueblo de Cuba, y con el mundo entero, a través de los medios internacionales: “Yo no puedo inventar noticias buenas, porque no sería ético y si las noticias fueran malas, el único que va a sacar provecho es el enemigo. En la situación específica de Cuba, debido a los planes del imperio, mi estado de salud se convierte en un secreto de Estado que no puede estar divulgándose constantemente y los compatriotas deben comprender eso. No puedo caer en el círculo vicioso de los parámetros de salud que constantemente, a lo largo del día, se mueven”. La información se complementaba notificando sobre una cirugía abdominal.

Fue el último comunicado formal del dictador, enviado en pleno ejercicio de poder, provocador de conmoción; desde la algarabía y festejo callejero de los cubanos en Miami, hasta la preocupación y sentimiento de pérdida intelectual de algunos izquierdistas latinoamericanos.

Desde esa fecha, Raúl, su hermano, trata de llenar el espacio dejado por el líder revolucionario, pretendiendo adaptarse a un nuevo sistema de poder y decisiones compartidas con Fidel y sus cercanos. La pregunta está en el aire: ¿podrán o no continuar con la visión política del dictador, siguiendo una idea que lleva a un destino cargado de pobreza y limitaciones del pueblo?; o ¿vendrá el reto del ejercicio de una Administración más participativa en las decisiones trascendentes y aceptar el abierto uso de la libertad? La experiencia dice que esos cambios generan oportunidades que muchos otros esperan, deseosos de trabajar por sus ideales.

Sin duda, Castro es el último de los grandes representantes del sistema político ideado por Marx y Engels, interpretado con errores por la URSS y tropicalizado para el Caribe americano por el propio Fidel. No incluyo a China, que se ha separado de la versión original.

Nacido en Birán, antigua provincia de Oriente, Cuba, el 13 de agosto de 1926, alcanza el poder tras una lucha prolongada con fracasos repetidos, guerrilla, prisión y finalmente ejercicio y hasta abuso del poder dictatorial.

En julio de 1953, efectúa el asalto al Cuartel de Moncada, derrotado y hecho preso durante 22 meses, iniciando así su registro en la historia mundial con un discurso libertario que terminó con la famosa frase “la historia me absolverá”.

Exiliado en México, recibe apoyos intelectuales y materiales, que no le detienen al agredirnos décadas después, luego de la famosa reunión de Monterrey, con el “comes y te vas”.

En su exilio conoce al “Che” Guevara, comparten sueños e ideales, declarándolo ciudadano cubano con el triunfo de la revolución, dándole un lugar preponderante que éste abandona para seguir su lucha en el continente. Fidel comparte con los cubanos la lectura de su despedida, que remata con otra famosa frase revolucionaria: “Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!”

Castro entra triunfante en La Habana el 8 de enero de 1959 y a partir de entonces inicia su dictadura con apoyo de la URSS durante algunos años, hasta la caída del sistema, llegando la decadencia a pasos acelerados.

Mucho se ha escrito de la intervención americana, sobresaliendo Bahía de Cochinos –1961– y el estrepitoso fracaso invasor de John F. Kennedy. El endurecimiento del discurso político recibió bandera con la derrota americana e inició un período de declaraciones y contradeclaraciones, migración de cubanos a los Estados Unidos y el aparente bloqueo comercial, que utilizó inteligentemente para sostener su dictadura. No olvide la crisis entre la URSS y los EUA, que también supo aprovechar para unificar al pueblo.

Habrá que ver la evolución política, económica y social que siga Cuba, que pudo sacudirse en el pasado la “dominación Yanqui”, para encontrarse con la esclavitud en una dictadura que no sólo la llevó al empobrecimiento, sino la pérdida de parte del mayor de sus capitales, el humano.

El comunismo de Fidel, ha servido de inspiración para otros países, particularmente latinoamericanos; de él se nutrieron intelectuales y políticos que buscan mejores formas de vida. Si su intención original se perdió, entre otras cosas por su fidelidad a un sistema obsoleto y terca obsesión, deja un ejemplo de perseverancia, valor y fe en la persecución de ideales.

Desgraciadamente las últimas décadas fueron marcadas por graves deficiencias en la atención a las necesidades del pueblo, quienes por sí mismos dan un ejemplo de esfuerzo, trabajo e ingenio a todos los latinoamericanos y que merecen un futuro más justo y feliz.

Esperemos que no se repita el ciclo y, si acaso, la isla entra en la vida de decisiones más consensuadas –eventualidad declarada– no sea la misma dictadura, ahora “compartida”; o en contrario, llegue a recaer en manos del “imperialismo Yanqui” –poco probable en el presente– como lo definía Fidel, durante sus discursos de gloria. Estemos atentos al desenlace.

ydarwich@ual.mx

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