EL CASO MOURIÑO
En los comentarios que durante el programa Tercer Grado se hicieron sobre el problema diplomático entre Colombia y Ecuador, a raíz del bombardeo por el primero del territorio del segundo, los cinco comentaristas coincidieron en calificar la actitud de los tres protagonistas como “santurronería” diplomática, queriendo hacer notar que sólo enfocaban la situación considerándose la víctima de la villanía del otro, cuando claramente el contexto mostraba que los dos países tenían algo de la razón. (sin contar desde luego la intervención del payaso metiche venezolano). Me pareció muy acertado el calificativo de santurrones sólo que, como tantas veces sucede, vieron “la paja en el ojo ajeno”, pues en otra sección del programa los “santurrones” fueron ellos. Me refiero a sus comentarios sobre “el caso Mouriño”. Veamos.
Todos los políticos, inclusive los de “la Obstrucción” (perdón, “la Oposición”) con fuero que desataron “el escándalo”, se han cuidado muy bien de decir que “debe investigarse” lo que “parece” un delito de tráfico de influencias porque Juan Camilo Mouriño firmó, como apoderado legal de una empresa de su familia, unos contratos de transportación de combustible con Pemex en ciertas fechas que quedan dentro de los lapsos en que fue diputado federal y presidente de la comisión de Energía de la Cámara. Por lo pronto no es evidente el delito ya que “debe investigarse”. En otras palabras, si el delito pudiera configurarse con la información disponible ¿para qué investigar? ¿el fraseo cuidadoso significa que puede no existir el delito? Tal parece ser la situación real, sobre todo después de escuchar las explicaciones de Mouriño. Pero el manejo taimado permitirá que “aunque el delito no exista” la reputación de JCM quede manchada de alguna manera, lo que sin duda es el motivo atrás del escándalo.
Aunque ¿quién sabe? el mismo tipo de “golpe devastador” propició que todos predijeran la caída de Fox después del Hoy, Hoy, Hoy y del “Pejecandidato” después del “Bejaranogate”.
Por lo pronto, yo le creo más a Mouriño, pues él sólo tenía 14 años cuando el Peje ya andaba bloqueando pozos petroleros y su “sacrificio” económico es real, debe ganar más como empresario que como político, no como sus acusadores del PRD a los que “nunca les ha dado el aire”; es decir, se les podrá acusar de lo que sea menos de producir un centavo del Producto Interno Bruto, y por lo tanto ellos nunca tendrán esa clase de problemas éticos.
La “santurronería” se muestra claramente en los políticos y en los comentaristas cuando no les importa realmente el tráfico de influencias, que tiene que demostrarse, lo que cuenta para ellos es “la firma” que, “per se”, no demuestra ningún delito.
Jesús Ríos Alvarado.
Torreón, Coahuila.