¿BARRABÁS O JESUCRISTO?
“Veo un México al revés” dijo un político que no ganó la Presidencia de la República y tenía razón. Parece que hoy se crean y aprueban leyes que más que frenar el delito lo alientan; aunado a esto la lentitud en los procesos penales, la corrupción de ministerios públicos, jueces y magistrados y la llamada readaptación social de los reos, sus derechos humanos y la complicidad de celadores y alcaldes en las prisiones deja ver un sistema legal que más que dar miedo a los delincuentes da risa.
Recientemente la Suprema Corte de Justicia de la Nación no encontró fundamento legal para prohibir a la asamblea legislativa del DF continuar con su “crimen organizado” de suspender la gestación del embrión aún hasta las 12 semanas de vida; reitero VIDA. Sólo hasta el mes de junio siete mil abortos se habían efectuado, más los que a la luz no se ventilan. Dejaron de nacer 7 mil mexicanos más por una Ley absurda y mezquina que sí priva de la vida al inocente que no ha hecho nada, al último eslabón en una cadena de intereses donde él no pidió ser gestado; en cambio a los asesinos, secuestradores y narcos optan por elevar las condenas a cadena perpetua, es decir que sigan viviendo para que desde adentro continúen trabajando y enriqueciendo a los corruptos y empobreciendo nuestro sistema legal.
Todo lo que venga de la carne, es carne, todo lo que provenga de la vida, está vivo y el feto es la muestra más palpable de ello. Si les es fácil asesinar a un embrión ¿por qué entonces no dictar la pena de muerte a estos sembradores del terror que sí han dañado familias enteras de todos los estratos sociales y estados de la República? ¿Por qué tanta consideración hacia lo dañino, a lo que destruye la vida humana? La mujer que por su irresponsabilidad ha abortado sin estar en riesgo su vida o haber sido causa de una violación, también mata, no se le puede llamar de otra forma.
Qué difícil debe ser para un médico que en el juramento de Hipócrates prometió luchar por la vida y la salud, hacer estos abortos a los que la Ley le obliga o es despedido o denunciado por negligencia. Las leyes de la vida y la supervivencia no necesitan estar escritas; esas leyes se hallan en el corazón y cerebro de los hombres a través de la pluma del juicio y la razón.
Miguel Gerardo Rivera,
Gómez Palacio, Durango.