En las más recientes semanas los programas informativos españoles han dado cuenta de varios casos semejantes ocurridos en diferentes ciudades de la península, consistentes en el hallazgo en botes de basura ubicados en calles citadinas no tan céntricas, de niños recién nacidos abandonados.
En varios de los casos la criatura ha sido encontrada con vida y ha sido sometida a tratamientos médicos para su viabilidad física, en otros, desgraciadamente el niño no ha podido sobrevivir.
Al mismo tiempo, la ampliación de las posibilidades legales para cometer abortos es uno de los temas principales esgrimidos por José Luis Rodríguez Zapatero en su campaña de reelección, con ello pretende evadir temas económicos en los que su Gobierno no ha podido desempeñarse con buenos resultados, como lo son los incrementos en el índice de desempleo y de inflación y para soslayar los recientes casos de clínicas donde se han perpetrado abortos fuera de los términos legales hasta hoy permitidos.
Dentro de todo lo terrible que resultan las acciones delictivas donde un adulto abandona a un recién nacido en un basurero para que en él encuentre una muerte ignominiosa esa persona totalmente desasistida que por ello requeriría de todos los apoyos del adulto; que no tendremos que decir del caso en el que esa criatura es masacrada dentro del recinto sagrado del vientre materno por efecto del incalificable delito del aborto.
En el aborto no sólo se lleva a cabo una acción también totalmente desproporcionada entre la fuerza, tamaño, inteligencia y perversidad del ofensor contra el ofendido, como pudiera haberse contemplado en el caso del abandono del menor, sino que también se opera una agresión aún más cobarde, violenta y agresiva contra la víctima inocente.
Ya sea por el método de solución salina que envenena y quema a la pequeña criatura así se le denomine feto, o el de succión que destroza al nonato y la placenta para absorber los pequeños pedazos resultantes mediante un potente aparato de succión; o el de dilatación o legrado, que tras hacer pedazos al feto por medio de una cucharilla, desprende el cuerpo destrozado del útero de la madre; en todos los casos se está cometiendo un homicidio atroz en contra de un inocente.
Pero además en este delito participan activamente personas físicas, profesionales de la medicina, e instituciones incluso gubernamentales de las que se pudiera suponer cualquier cosa menos que se conjuraran en contra de la indefensa víctima de este homicidio atroz.
Con la legalización del aborto se confabulan el padre (y) o la madre de la criatura, el médico, la comadrona (y) o las enfermeras, el legislador, el juez, la Policía y algunos medios de comunicación proabortistas, para dejar en estado de absoluta indefensión a un ser humano que se encuentra en un periodo de su proceso de vida en el que requeriría muy especialmente de todo el apoyo que pudieran brindarle quienes teóricamente deberían promover su vida y que aprovechan justamente su superioridad de circunstancias para cercenarlo cobarde, violenta e impunemente.