Veinte cámaras en el interior del Centro sirven para monitorear la seguridad de los infantes.
El lógico desconcierto se apodera de la humanidad de Luis cuando llega al salón en el que recibe sus clases de Inglés. Es extraño. Luis es un pequeño de dos meses de nacido y ya empieza a relacionarse con dos idiomas.
En otra pieza los pequeños se sienten soñados: Pantalla plana, cañón retroproyector, sistema digital de audio del llamado teatro en casa. Las clases didácticas con esa tecnología son semanales a los que ya caminan.
La planta baja no se queda atrás. Hay una sala de cómputo que ya quisieran escuelas de nivel medio o superior. Pero aquí, el requisito para usar los modernos equipos es tener menos de seis años.
Sin embargo, no se trata de una lujosa guardería privada, ni tampoco de un colegio o de una institución educativa foránea. Es el modelo que el Centro de Atención y Desarrollo Infantil Francisco Villa (CADI) ofrece en la ciudad de Durango.
PROYECTO
María del Socorro Páez Güereca, directora del CADI Francisco Villa, ubicado en la avenida Francisco Villa (o General Tornel), explica que en este tipo de instituciones –ya hay nueve en Durango- se busca no etiquetar a los niños si son pobres o ricos.
El costo para inscribir a un menor de edad en esta casa de estudios y de formación es apenas de 250 pesos y la mensualidad es de escasos 100 pesos, lo cual resulta simbólico pues además de educación reciben alimentos y otros beneficios.
Sin embargo, debido al éxito que este programa social ha tenido en la entidad, Páez aclaró que la demanda de solicitudes de inscripción es mucho mayor a la capacidad de respuesta de los Centros, de ahí que se haya empezado a construir uno más en la colonia Emiliano Zapata.
RECORRIDO
Por fuera el edificio se ve modernista. La construcción atrae a la pupila por su ubicación y por el tamaño de las instalaciones en pleno crucero de la calle Jerónimo Hernández y la avenida Francisco Villa, en la colonia del mismo nombre.
Pero, sin duda lo que hay en su interior sorprende aún más: Antes de acceder al recinto, cada día los niños son revisados por doctoras que vigilan que no entren los menores con enfermedades o infecciones que puedan contagiar a los demás.
En la planta baja hay una moderna oficina con pantallas para monitorear lo que sucede en el interior de cada aula y pieza del lugar, pues en todo el edificio hay 40 videocámaras para seguridad de los infantes. Y dentro de poco los padres de familia podrán ver las mismas imágenes por la Internet.
VISIÓN
A los niños se les garantiza almuerzo y comida todos los días, alimentación que cumple los estándares máximos de nutrición, pero además, según explican los directivos de este CADI, se busca la manera de asegurar que los alumnos tengan acceso a nutrientes para que no se descompense su dieta en su casa, en la cena.
Además de la sala de cómputo a la que acceden los infantes desde preescolar, los niños reciben clases de Inglés desde casi recién nacidos, y se les dan terapias en forma permanente para evitar problemas psicológicos futuros en ellos.
Se trata de un complejo educativo integral que es prueba piloto en el estado y prácticamente en el país, pues son pocos los CADI que existen en México. El inmueble Francisco Villa, de Durango, tiene 340 alumnos y 56 empleados.
Es un laboratorio de lo que podría ser el futuro educativo de México en el sector público. De dos años a la fecha el senador Gonzalo Yáñez ha tomado este proyecto y el impulso ha sido evidente.
INNOVACIÓN
En entrevista para El Siglo de Durango, la Directora del CADI Francisco Villa de esta ciudad resume el objetivo del Centro: “Buscamos que realmente haya un aprendizaje significativo en las aulas para preparar a los niños para la vida, mediante el método denominado Proyecto de Inteligencias Múltiples”.
María del Socorro Páez explicó que esta modalidad se ha traído de la ciudad de Monterrey y proviene del extranjero. Es un mecanismo exitoso que implica dar una formación integral desde los primeros días de nacido a los niños. En Durango este sitio es el único que lo implementa.