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La corte celestial

Gilberto Serna

La pregunta que el ser humano se ha formulado, desde que tuvo uso de razón y se dio cuenta de que habitaba en un planeta que, dando vueltas sobre sí mismo, se movía en los espacios siderales, es: ¿estamos solos en la vastedad del Universo?

En esta época hay enormes antenas enfocadas a determinadas estrellas lanzando y esperando recibir una señal que indique si es que hay vida inteligente. El universo se muestra esquivo, permaneciendo en silencio. A pesar de los esfuerzos realizados nada ha podido romper el mutismo de planetas que andan rotando alrededor de una estrella formada hace 5,000 millones de años. La fantasía ha dado lugar a que veamos con los ojos de la imaginación seres interestelares que habitan en la Luna, a los que hemos llamado selenitas, o que veamos seres amorfos en poderosas naves aéreas dispuestos a invadirnos provenientes del planeta Marte, nuestro vecino, que ocupa el cuarto lugar en el sistema solar.

El planeta está cerca de nosotros, a unos 55 millones de kilómetros. Las antiguas civilizaciones lo veneraron como dios de la guerra, al que acompañan sus satélites naturales: fobos y deimos. Ha constituido el sueño de científicos de los últimos siglos el encontrar vida en Marte para lo cual han enviado no menos de 15 artefactos con la misión de amartizar en la superficie marciana.

El único que lo ha hecho es el último al que se les dio el nombre de Pohenix que revolucionó las llegadas de 5 anteriores que emplearon globos para amortiguar su arribo a suelo marciano, en tanto que éste usó el encendido de 12 cohetes para posarse suavemente. ¿Qué va a encontrar?, las misiones que le antecedieron, vehículos dotados cada vez de los más sofisticados instrumentos fueron el Vikingo, 1976, el Spirit y Oportunity 2004, que exploraron regiones próximas al ecuador. Las fotos que mandó la NASA a los medios mundiales evidencia un desolado yermo salpicado de rocas. Sin querer queriendo repite las escenas de un roquedal, semejante al que han enviado las anteriores sondas.

Esto envuelve un misterio más profundo, ¿por qué de nueve planetas que forman el sistema solar, sólo La Tierra está habitada por seres orgánicos sobre la base de la química del carbono? A mayor razón, si encontramos que nuestra galaxia La Vía Láctea, se calcula que cuenta con 100,000 millones de estrellas -“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la Tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”-. Es posible que en otras galaxias, con Soles rodeados de planetas se haya repetido el milagro, aunque como están las cosas nadie puede asegurar que así sea pues las distancias astronómicas en el espacio, hacen imposible acudir a verificar actualmente si hay vida en otro lugar distante.

Imaginemos estar tocando a las puertas del infinito ¿qué habrá detrás?, toc, toc, ¿quién contestará del otro lado?, sépalo Dios y su corte celestial. Se miden en años luz lo que separa la Tierra de otras galaxias. No hay una nave interplanetaria que viaje a la velocidad de la luz, algo así como 300 mil kilómetros por segundo, ni astronauta que la soporte. La tecnología avanza por lo que podría ser el día de mañana ¿por qué no? Si aquí, relativamente cerca, la nave que llegó a Marte tuvo que recorrer 679 millones de kilómetros, así que para llegar a la estrella Barnard, 6 años -luz, que está más próxima a nosotros, después de la estrella Alfa Centauro, ubicada en la constelación del Can Mayor, calcúlese el tiempo que le llevará a una nave tripulada que saliera de La Tierra. Un buen rato y otro cachito.

Quizá los que se dedican a elaborar menjurjes para conservar la piel joven a las damas, en sus ansias locas de encontrar la fuente de la juventud, aquella que buscó el español Juan Ponce de León en la Florida, podrá conseguírseles un pasaje en una de las naves que viajan a las estrellas pues según Albert Einstein, la velocidad detiene el proceso de envejecimiento en el ser humano.

Si a Usted, querido lector, lo invitan a recorrer el sistema estelar en su máxima extensión, de menos necesitará 100,000 años. Un punto de referencia sería que los mamíferos aparecieron por primera vez en La Tierra hace apenas 200 millones de años. En fin, los científicos de la NASA respiraron aliviados cuando la sonda puso sus tres patas sobre el planeta rojo, 10 meses después de salir de Cabo Cañaveral. El periodo que transcurrió desde que la sonda penetró a la tenue atmósfera marciana hasta que tocaba la superficie, lo denominaron los siete minutos de terror.

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