La feroz muchedumbre se disponía a lapidar a la mujer adúltera. Llegó el Rabí de Galilea y puso su mano sobre la pecadora.
-El que esté libre de pecado -dijo a la multitud- que tire la primera piedra.
Habló la mujer:
-Si la piedra es un diamante, con gusto la recibiré.
El buen Jesús meneó la cabeza tristemente.
-Además de adúltera -la reprendió-, eres soberbia. En culpa de adulterio se puede caer por amor, pero las culpas que causa la soberbia no tienen justificación. Vete, mujer, antes de que sea Yo quien te lance la primera piedra.
Así dijo Jesús, y luego se retiró en silencio.
¡Hasta mañana!...