Cuando aquel hombre llegó al último día de su vida muchos se congregaron en torno de su lecho.
Había sido el más grande entre los hombres.
Tuvo riquezas.
Tuvo ciencia.
Tuvo poder.
Tuvo sabiduría.
Tuvo amor.
Así, el día que el llegó al final todos supieron que aquel hombre había vivido su vida en plenitud.
Abrió los labios para decir algo, y todos se acercaron para recoger sus palabras, que seguramente serían el compendio de la sabiduría.
Y habló el hombre, ya para morir, y dijo nada más:
-¡Mamá!
¡Hasta mañana!...