Yo no puedo darme el lujo de tener un gato. Ya seríamos dos egoístas en la casa. Pero bien dice el refrán: "Lo que no has de querer, en tu casa lo has de tener".
He aquí que desde hace tiempo dejábamos comida en la cochera para un gato que parecía tener hambre. Sucedió que no era gato, sino gata, y un día correspondió a nuestra hospitalidad trayendo al mundo una camada de gatitos en el tejado de la casa. Para colmo, con la sabiduría que las madres tienen, esta mamá nos presentó a sus hijos, orgullosa, el sábado pasado, Día de la Madre.
Ahora tenemos en la casa una familia de gatos que se pasea por el jardín como si fuera suyo, en procesión triunfal. Miro el desfile desde la ventana de mi biblioteca, y pienso que a fin de cuentas la vida puede más que todos los egoísmos.
¡Hasta mañana!...