Llega el viajero a Veracruz.
No hay otra ciudad como ésta, con tanto sol, tanto mar y tanto ritmo. Aquel que diga: “Soy veracruzano” debe poner en su declaración igual orgullo que si dijera: “Soy propietario del mar, dueño del sol y legítimo heredero de la música”.
Estar en Veracruz es estar dentro de la magia. Todo ahí es diferente: sus días son otros días; sus noches no son como las otras noches. Hasta el aire es distinto, cargado de espíritus que se levantan del agua y de la tierra y acercan al hombre y la mujer para fundirlos en el amor a la danza, o en la danza del amor.
Llega el viajero a Veracruz y un día después -una noche después- ya sabe de sí mismo cosas que ignoraba. Mágica Veracruz. Veracruz maga que te pone un espejo para que en él te mires por primera vez.
¡Hasta mañana!..