No todo lo que brilla es oro, reza el adagio popular; en la vida y el deporte suele confundirse el relumbrón con la sustancia y el espejismo parece real.
La goleada propinada por los Pumas de la Universidad a los Jaguares de Chiapas apenas el pasado domingo en la cancha de CU debe recibir este tratamiento, es decir, no irse con la finta y lanzar a vuelo que los del Pedregal están de regreso.
Tras un paupérrimo inicio, el subcampeón del futbol mexicano parece levantar vuelo, ya que la obtención de siete puntos en una semana la firmarían otros clubes de mayor envergadura, por lo menos económica.
El problema está en el funcionamiento del equipo y ante quienes se lograron dichas unidades y así veremos que el oro se convierte en latón.
Ganarle en casa a Monterrey, que llevaba casi una treintena de descalabros como visitante, robarle un punto al emproblemado Puebla y golear a esa murga de equipo que arrastra el prestigio chiapaneco llamado Jaguares, no es, ni con mucho, como para escribir a casa.
Por supuesto que en la tabla de posiciones no existe un asterisco que indique la forma en que se consiguen los puntos, es aritmética pura, y para calificar hay que sumar, así de simple.
Debido a eso creo que, pese a la victoria lograda en el duelo de felinos, debería haber más preocupación en el feudo universitario que en la selva chiapaneca y me trataré de explicar.
Jaguares mostró una cohesión y un embalaje impresionante las primeras fechas; dominó de pe a pa al Atlante y le pegó un baile al América. Quizá ya no le creían a René Isidoro García, y en esa pésima pero arraigada costumbre en nuestro medio, le tendieron la cama para despedirlo. Sólo así se puede entender que el Jaguares del domingo no haya sido nada más el peor de su corta historia, sino el cuadro más apático e indolente visto en los últimos años, y eso ya es decir.
En cambio Pumas, frente a un rival inerme y desangelado, no supo ni pudo tener una actuación redonda; se pondera la entrega de Esteban Solari, los golazos de Ismael Íñiguez y de Ignacio Scocco pero se olvidan las constantes fallas, los servicios mal entregados, el bajón de ritmo y el hecho de que el contrario, en el único tiro a puerta, les haya marcado un gol.
Existe una gran diferencia entre lo obtenido por los universitarios y otros equipos que, sin tanto foco, están marcando senda en este desierto de irregularidad llamado Clausura 2008 y me refiero a Santos Laguna, Toluca y Monterrey.
El cuadro de la Comarca Lagunera hace sencillo lo difícil y juega muy bien al futbol, y su ascenso parece emular al rendimiento de la temporada pasada.
Toluca es un monumento a la regularidad y al conocimiento perfecto de un estilo, de una forma de jugar. Tras las salidas de Vicente Sánchez y Ariel Rosada se escuchó aquello de “y ahora, ¿quién podrá defendernos?” pues nada, Pekerman y sus pupilos se defienden solos y hoy son sublíderes.
En la Sultana, Ricardo La Volpe empieza a hacer sentir su mano y Rayados vislumbra un mejor futuro al recobrar su buen quehacer futbolístico.
Lo dicho, no todo lo que relumbra...