El protocolo de Kyoto es un instrumento nternacional, consensuado en 1997 y auspiciado por la ONU, para luchar contra el cambio climático, lo que permite, entre otras cosas, sensibilizar a la población sobre este gran problema que enfrenta la humanidad.
Aprueban explorar vías para reducir emisiones de aviones y buques.
Unos mil 200 delegados de 163 naciones aprobaron ayer en Bangkok la agenda de las negociaciones de un nuevo acuerdo para combatir de manera más certera y completa el cambio climático a partir de 2012, cuando venza el Protocolo de Kyoto.
“Tenemos todos los elementos del plan de acción de Bali”, destacó el esloveno Andrej Kranjc, uno de los representantes de la Comisión Europea (CE) en la reunión, en referencia al “Mapa de Ruta” aprobada en diciembre en esa isla indonesia.
El llamado por algunos “Kyoto 2” empezará a negociarse en Alemania en junio y lo primero que se tratará será la transferencia de tecnología de los países industrializados a los emergentes.
Las naciones en vías de desarrollo se han negado en estos cinco días de debates en la capital tailandesa a aceptar controles o reducciones de sus emisiones de gases contaminantes mientras los países ricos no se comprometan en firme con sus ayudas financieras.
En agosto se celebrará otra reunión en Ghana que abordará, según se decidió ayer, la deforestación y la reforestación, apartados que los científicos consideran esenciales para combatir el aumento de las temperaturas del planeta.
La propuesta de Japón de negociar recortes de dióxido de carbono por sectores, introducida en Bangkok, arrancó el rechazo de delegaciones como la de China o la India y se ha dejado para agosto, a pesar de la fuerte presión que ha ejercido la representación nipona.
El grupo de trabajo decidió aplazar a 2009 las discusiones sobre las obligaciones de Estados Unidos, en la esperanza de que el presidente norteamericano que emane de las elecciones que se celebrarán en noviembre será más favorable a aceptar compromisos que el actual, George W. Bush.
Estados Unidos es el único país industrializado que se ha negado a ratificar el Protocolo de Kyoto, que entró en vigor en 2006 para actuar sobre las emisiones de anhídrido carbónico, dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbono, perfluorocarbono y hexafluoruro sulfúrico.
La última reunión de la Convención Marco de la Organización de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de este año se celebrará en Polonia, en diciembre.
El otro grupo de trabajo, con el cometido de supervisar el cumplimiento de los acuerdos de Kyoto, aprobó con menos problemas que el anterior explorar vías para reducir las emisiones de gases contaminantes en aviones y barcos, un volumen que representa entre el 5 y el 8 por ciento del total de las emulsiones que causan el efecto invernadero.
La Unión Europea (UE), que impulsaba la iniciativa junto a Noruega, hubiera deseado un compromiso más ambicioso, pero al menos el conseguido supera las reticencias de las naciones emergentes y les arranca el compromiso de estudiar la opción.
El bloque europeo, uno de los frentes que ha buscado mayores compromisos en la reunión de Bangkok, acordó en 2007 reducir en un 20 por ciento sus emisiones de CO2 para 2020.
Piden que UE abandone plan de biocombustibles
Varios grupos ecologistas como Greenpeace y Amigos de la Tierra han pedido a la Unión Europea que abandone su idea de forzar que en 2020 el 10 por ciento de los carburantes proceda de biocombustibles, según informaron ayer en un comunicado.
Estas organizaciones han enviado a los 27 países comunitarios cartas en las que reiteran su oposición al impulso obligatorio de los biocombustibles, porque temen que su desarrollo sea contraproducente y que incluso pueda generar un aumento de las emisiones de dióxido de carbono.
Las ONG critican que los intentos de la UE por garantizar la sostenibilidad de los biocombustibles dentro de su estrategia de lucha contra el cambio climático no son lo suficientemente ambiciosos.
Según los ecologistas, las negociaciones entre los Estados miembros sobre biocombustibles están resultando un simple “maquillaje de los débiles criterios que propuso en enero la Comisión Europea”.
Las críticas se basan en un informe de progreso que el grupo de expertos que trata este asunto presentó ayer a los embajadores de los Veintisiete, que tienen previsto debatir este tema en profundidad en mayo.