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Remozan en museo joya arquitectónica

Agencia Reforma

El recinto rehabilita también el patio central que alude a los cuatro elementos primigenios.

El paraguas, joya arquitectónica que provee una sombra de cinco mil metros cuadrados al patio central del Museo Nacional de Antropología y se alza 30 metros para proteger de la lluvia a las multitudes, recibe su primera intervención integral en 15 años.

En el área donde se eleva la monumental sombrilla diseñada por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez también se ha rehabilitado el espejo de agua. Además, la escultura de caracol que sobresale en ese estanque pronto recobrará el sonido, pues fue concebida como una pieza acústica.

Los arreglos forman parte de la restauración integral del recinto para convertirlo en un museo modelo en 2010, cuando se conmemore el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. Desde 2007 hasta ese año, el inmueble tendrá una inversión de 90 millones de pesos.

Juan Martínez, subdirector administrativo del MNA, recuerda que el patio y el paraguas -desde donde además fluye agua en cascada- integran un mismo conjunto arquitectónico que alude a los cuatro elementos primigenios: tierra, aire, fuego y agua.

El viento lo representa el caracol sonoro, en cuyo frente se ubica un pebetero para encender fuego; los islotes que se reparten en el estanque simbolizan la tierra y el componente líquido, proveniente de una cisterna bajo el suelo, sube hasta la gran sombrilla impulsado por dos bombas de 60 caballos cada una, para derramarse como catarata.

La columna del paraguas, provista de un relieve artístico y simbólico de José y Tomás Chávez Morado, tiene un complejo mecanismo que permite sostener la cubierta de cinco mil metros cuadrados. Cada seis años se aplica un tratamiento correctivo y preventivo, pero faltaba ocuparse a “fondo” de ella, y en general de la infraestructura del espacio cultural, próximo a cumplir 44 años de apertura.

“Hace mucho (quizá 15 o 20 años) que no se había hecho una inyección de recursos tan importante hacia esa parte; se había invertido más en museografía, en cuestiones estéticas, que en aquellas de carácter técnico-prácticas”, refirió Javier Razo, quien encabeza el departamento de Servicios Generales del MNA, espacio que resguarda la colección arqueológica más importante de México.

Las salas del museo se renovaron en el sexenio del presidente Ernesto Zedillo (1994-2000), con una inversión de aproximadamente 95 millones. La actual fase de adecuaciones en el gigantesco paraguas -iniciada en junioimplicará este año una suma de dos millones de pesos, estimó Razo y aclaró que los grabados de los hermanos Chávez Morado, que enlazan el pasado y presente de México, no presentan deterioro ni requieren intervención.

Entre las tareas de rehabilitación destacan la impermeabilización de la cisterna (ubicada bajo la columna), labor que concluyó hace dos semanas, el mantenimiento y reforzamiento de decenas de tensores que soportan la superficie extendida, proceso también finalizado, y continúa el trabajo en el perímetro de la estructura para consolidar los tableros y evitar así accidentes.

El año antepasado, recordó el ingeniero, un fuerte aire desprendió 11 tableros perimetrales. “Por fortuna estuvimos en tiempo, los logramos bajar adecuadamente y se repararon”. Se prevé además limpiar e impermeabilizar la cubierta.

Algunos trabajadores que contribuyeron a instalar la sombrilla, hace 44 años, son los mismos que ahora vuelven para arreglarla, comentó Rodolfo Aguilar, encargado del departamento de Servicios Generales. El mismo Ramírez Vázquez, de 89 años, se mantiene cerca de las labores de rehabilitación en el Paraguas.

Esta estructura no sólo es el símbolo del MNA o escenario fotográfico para miles de visitantes, sino una solución que el arquitecto halló para que los espectadores pudieran circular en el patio, reposar o convivir en un sitio prácticamente al aire libre, pero a la vez protegido.

De este modo el visitante no tiene la obligación de un recorrido continuo, como ocurre en museos de gran magnitud (por ejemplo el Louvre de París), donde para llegar a una sala hay que cruzar otras. “Lo que implica una pérdida de tiempo e interrupciones innecesarias al público que se encuentra en Ias salas”, ha dicho Ramírez Vázquez.

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