El presidente de Afganistán, Hamid Karzai (izqda), saluda a su homólogo francés, Nicolas Sarkozy, durante su reunión en Kabul, Afganistán, luego de la muerte de 10 soldados franceses por ataques de talibanes. (EFE)
El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, asistió ayer en la capital afgana al velatorio de los 10 soldados franceses que murieron en un combate en Afganistán en el que también fallecieron 19 insurgentes, informaron autoridades.
Sarkozy acudió al velatorio en una capilla militar y visitó a los soldados franceses de las unidades que perdieron el lunes a los 10 efectivos en una emboscada de rebeldes del Talibán y un enfrentamiento en montañas ubicadas 50 kilómetros al Oriente de Kabul.
El presidente francés fue recibido por una guardia y una banda que interpretó el himno de Francia en la base de la OTAN en la capital afgana.
También visitó a algunos de los 21 soldados galos que fueron heridos en el combate. Al hablar ante un grupo de soldados del contingente de 200 efectivos, dijo que Francia debe aprender lecciones del ataque y cambiar sus procedimientos.
“Aunque la cifra es muy alta, deben sentirse orgullosos de lo que están haciendo. La labor que están desempeñando aquí es indispensable”, expresó a los soldados. “Vamos a asegurarnos que haya los medios para que esto no vuelva a suceder”.
Sarkozy, que llegó el martes a Afganistán, se reunió también con el mandatario afgano Hamid Karzai en el palacio presidencial de Kabul. El gobernante anfitrión le dijo que deseaba expresar “las condolencias y el dolor del pueblo afgano a los franceses por la pérdida”.
Karzai dijo que la intensificación reciente de la violencia en su país se debía a que la OTAN y Afganistán no han atendido los casos de los fortines y los campos de entrenamiento de los milicianos, en un referencia clara a una zona tribal de Pakistán.
“A menos que hagamos eso (poner más atención), seguiremos sufriendo”, dijo Karzai.
El ataque a los efectivos galos fue el más cruento lanzado contra las fuerzas internacionales en Afganistán desde junio de 2005, cuando 16 soldados estadounidenses murieron al ser derribado su helicóptero por una granada impulsada con un cohete.