La Décima Zona Militar con sede en Durango capital, ha logrado aseguramientos importantes en la entidad. Desde que se implementó el Operativo Sierra Madre los soldados de Durango han permanecido de manera constante en Las Quebradas.
Los soldados tienen la misión de salvaguardar la soberanía de México
Hugo, de 24 años, elemento del Ejército Mexicano, a quien su valor y vocación de servicio lo caracterizan, actualmente se encuentra internado en la región de Las Quebradas en la campaña de combate al narcotráfico, su madre, la señora Asunción, a cada momento se encomienda a Dios para que lo libre de todos lo peligros que su labor conlleva.
Hoy es el Día del Ejército Mexicano, hoy es el momento de reconocer el valor, profesionalismo y heroísmo de los soldados, quienes en cada misión arriesgan su vida para servir a la ciudadanía y, porqué no, de apreciar el esfuerzo de sus padres por sobrellevar una vida de preocupaciones al saber que sus hijos se encuentran en peligro constantemente, no quedándoles más remedio que ponerlos en las manos de Dios.
DESDE JOVEN TOMÓ LA DECISIÓN
En el 2004 Hugo, a sus 20 años, su vocación de servicio lo llevó a integrarse a las filas de la Décima Zona Militar, además, sus familiares narran con toda sinceridad que la necesidad de contar con un trabajo estable fue también un factor para que tomara tal decisión.
Esta labor implica en ocasiones pasar hasta tres días caminando entre cerros, por terrenos de difícil acceso, con pocas horas de descanso en busca de sembradíos de marihuana o amapola, con el riesgo de encontrarse con sujetos armados perteneciente a poderosos grupos del narcotráfico que en la actualidad no se tientan la mano para atacar a la autoridad.
El joven soldado en mención al ingresar al Ejército fue asignado a apoyar el 85 Batallón de Infantería, con sede en El Salto, Pueblo Nuevo, donde participaba en la formación de aspirantes a pertenecer a la milicia, posteriormente fue trasladado a diversos municipios en las campañas en contra del narcotráfico.
SU MADRE LO ENCOMIENDA A DIOS
La señora Asunción, madre de Hugo, comentó que al momento en que su hijo tomó la decisión de unirse a la milicia ella lo respetó, pero eso no la exime de que en todo momento esté pensando en él, sólo espera su llegada para saber que se encuentra bien, “todos los días se lo encomiendo a Dios para que no le vaya a pasar nada”, agregó.
Su tío José manifestó que aunque ha tenido oportunidad de dejar el Ejército y salir bien de esa labor, su sobrino se ha mantenido en la milicia, pues su compromiso con la sociedad ha sido fuerte, además de reconocer que Hugo siempre ha sido muy responsable en sus actividades.
Aunque el salario que reciben no es el óptimo en comparación con el riesgo que representa su labor, pues perciben poco más de cinco mil pesos al mes, los soldados entregan su vida en beneficio de la sociedad, pues además de combatir el narcotráfico realizan labores sociales y educativas, sobresaliendo el apoyo que brindan a la gente en momentos de desastres como inundaciones, incendios y devastaciones ocasionadas por factores climáticos.
EL COMBATE AL NARCOTRÁFICO
Hace poco más de un año cuando se implementó el Operativo Sierra Madre, en el llamado “Triángulo Dorado”, punto donde confluyen las zonas serranas de Durango, Sinaloa y Chihuahua, sector en el que se produce la mayor cantidad de marihuana y amapola en el país, los soldados duranguenses permanecieron tres meses internados en la Sierra, logrando la destrucción de miles de hectáreas de enervante y la aprehensión de importantes narcotraficantes.
El año pasado, de septiembre hasta diciembre, los soldados estuvieron en la región de Las Quebradas, participando en el operativo federal, destruyendo por el método de incineración toneladas y toneladas de droga y poniendo a disposición de las autoridades federales a los presuntos narcotraficantes que aprehendieron.
En la actualidad Hugo fue enviado nuevamente al municipio de Tamazula, y desde el 1 de enero no ha “bajado” a visitar a su familia, siguen participando en la tercera fase del Operativo Sierra Madre.
APOYO EN CASO DE DESASTRES
Además del combate al narcotráfico, los soldados se caracterizan por estar presentes cuando se registra un desastre natural con el ya conocido Plan DN-III, mismo que se creó en 1969 con la finalidad de auxiliar a la población civil en casos de emergencia, una de las principales responsabilidades de la Sedena.
En numerosas ocasiones, los militares mexicanos han intervenido para apoyar a su pueblo, cuando se ha visto afectado por desastres de cualquier tipo.
Su denominación data de 1966 a raíz de su inclusión en la Planeación de Defensa Nacional como anexo “E” y aunque en posteriores revisiones del plan de defensa se ha presentado la disyuntiva de darle otro nombre, el Alto Mando decidió continuar designándolo como Plan DN-III-E, debido a la identificación que bajo este título tienen autoridades civiles, medios de comunicación y población en general.
El apoyo humanitario de los soldados ha logrado que la gente en desgracia tenga un apoyo desinteresado, pues además de sentir un brazo fuerte y fraternal del personal castrense, logran recuperar sus recursos materiales y humanos para seguir adelante.
LABOR SOCIAL Y PROTECCIÓN ECOLÓGICA
Una de las tareas importantes de los soldados es la labor social que realizan: Se organizan equipos con personal de médicos, odontólogos, enfermeras, veterinarios, especialistas en elaboración de alimentos, reparación de aparatos electrodomésticos, carpinteros, albañiles, plomeros, electricistas, peluqueros y personal de seguridad perteneciente a las unidades, dependencias e instalaciones del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos.
Los comandantes de las regiones y zonas militares, así como de unidades operativas de todos los niveles dentro de sus jurisdicciones, han identificado las áreas que por su situación económica, social y geográfica requieren de acciones que tiendan a aliviar algunos de sus problemas de manera inmediata, lo que permite planear las campañas de labor social que se suman a las acciones del Gobierno de la República.
Para recuperar la riqueza forestal de México, en diciembre de 1992, el Gobierno Federal puso en marcha el Programa Nacional de Reforestación, mejor conocido por sus siglas como Pronare, el cual ha sido diseñado con carácter permanente y a largo plazo con un sentido fundamentalmente social por la importancia que reviste la participación de la población para su ejecución. Su objetivo básico ha sido reforestar con amplia y efectiva participación de la sociedad en coordinación con el Ejército y mediante la utilización de técnicas y especies apropiadas a las condiciones ambientales de cada región para la restauración y conservación de los ecosistemas e incremento de la cobertura forestal del país.