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Yo no me atrevo

Adela Celorio

Primero fue el apagón que me obligó a bajar a trompicones desde el quinto piso y en absoluta oscuridad la escalera del edificio donde visitaba a una amiga, sólo para encontrarme con que la puerta eléctrica del estacionamiento tampoco funcionaba y que yo permanecería ahí encerrada hasta nueva orden de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro.

Sólo cuando el portero asumió mi decisión irrevocable de salir o morir, con toda parsimonia buscó una lámpara: ¡alúmbrele ahí! me ordenó; y comenzó a desarmar la puerta.

Todavía sin electricidad, amanecimos el día siguiente con la noticia de que parchaban el Sistema Cutzamala y que durante cinco días se nos limitaría en agua a un flácido chorrito. Como sin luz y sin agua no se puede vivir, el Querubín y yo abandonamos esta capital y nos llevamos nuestras neurosis a San Miguel Allende, donde los domingos y los jueves en el parque principal amerita las reuniones la banda municipal.

Donde una orquesta de cámara, cualquier día así nomás, desborda los salones del Instituto Allende con las notas de los Conciertos Brandenburgo. Donde un romántico pianista acompaña suavemente nuestra cena. Donde un conjunto de Jazz anima la última copa de la noche; y los churros y el chocolate son una inesperada alegría que nos depara el desayuno.

Donde se puede caminar en la madrugada por las calles sin sentir miedo; y del manantial de agua caliente prefiero guardar el secreto para que siga siendo sólo mío.

Lástima que nada dura para siempre y el hermoso fin de semana -pura miel sobre hojuelas salpicada con las chispas que sacan cuando se tocan, los polos opuestos de cualquier dispareja- terminó cuando al volver a casa tuve que enfrentar un nuevo golpe de Tragapapeles; el viejo enemigo que oculto en algún cajón de mi escritorio, se traga frente a mis narices cualquier recibo, documento, factura que yo necesite encontrar con urgencia, o como en este caso; un artículo de Arturo Pérez Reverte, recientemente publicado en el suplemento de la voz más conservadora de España que es el diario ABC; y que yo hubiera deseado transcribir textualmente para ustedes.

Ante la imposibilidad de una trascripción textual, acudo a la imprecisión de mi memoria que lo recuerda más o menos así: “Permitidme tutearos ¡imbéciles! Presidentes y ex presidentes, insaciables y corruptos diputados y senadores, ministros y ministras, y me dirijo especialmente a los de cultura, me dirijo también a los ignorantes e hipócritas líderes de derechas, a los iletrados y amargosos líderes de la obstrucción ¡perdón! de la oposición. Permitidme que os hable de tú, a ustedes que durante los últimos veinte años han conseguido erradicar de las aulas el latín, la historia, y hasta la comprensión de la lectura que es una forma de comprender al mundo. Me dirijo a ustedes que han ensanchado la distancia entre la educación privada y la pública con las desastrosas consecuencias de reducir a la mayoría de nuestros jóvenes a la mediocridad hasta llevarlos a ocupar (según el reporte 2007 del Programa Internacional de Evaluación PISA) los últimos lugares entre los estudiantes europeos; convirtiendo así a nuestro país en una mierda peor que la que antes era. Permitidme tutearos señores, para mentaros la madre”.

Palabras más o menos, ése era el tono del principio del texto, lo que sigue prefiero no mencionarlo porque resultaría un poco fuerte. ¡Qué valiente Pérez Reverte! Yo, aunque comparto la intención para quien corresponda aquí en nuestro México; pusilánime que soy, nunca me atrevería a encarar de esa forma el pobre compromiso de nuestros sucesivos gobiernos con la educación de las nuevas generaciones que son nuestra única luz al final del túnel.

Según el mismo informe PISA que indigna tanto a Pérez Reverte, en 2007 nuestros niños se superaron a sí mismos pasando del penúltimo, al último lugar del mundo entre los estudiantes encuestados. No, yo aunque comparto el deseo de tutearlos y todo lo demás, sólo me atrevería a preguntar con todo respeto a nuestro Presidente si es que lo sabe, que nos diga ¿Cuál es el secreto que hace posible que desde San Diego hasta acá, el gordo trasero de la patética maestra, siga posado sobre la siempre humillada cabeza del magisterio?

adelace2@prodigy.net.mx

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