La lluvia no logró frenar la ola verde que muy temprano y poco a poco se fue formando con la llegada de la afición, a las puertas del estadio Soldier Field, y que gritaba ¡México!, ¡México! (Jam Media)
Chicago, Illinois.- La vorágine que da vida a la avenida Michigan, principal arteria económica de la ciudad, luce algo diferente. No es un día habitual en Chicago. Las mujeres de traje sastre, los hombres adornados para la oficina van normales y se miran asombrados. No creen lo que ven, tampoco lo que escuchan.
Camisetas verdes, banderas azules, pelucas rojas, sombreros del Tío Sam... Ah, y un juego perfecto de Mark Buehrle de los Medias Blancas (5-0) sobre Tampa Bay. Ingredientes suficientes para tener paralizada una ciudad que vive por el deporte. Juego perfecto, primero en cinco años, que mereció una llamada telefónica del aficionado número uno de los patipálidos, el presidente Barack Obama. Unas horas después, la selección de futbol -o soccer, como prefieren llamarle- venció a Honduras para clasificarse a la final de la Copa Oro, pero eso quizá para los estadounidenses de Chicago no resultó tan perfecto como lo visto en el Comiskey Park. El futbol puede ser el deporte con más errores de todos, pero igual es el más seguido. La mejor prueba de ello son esas camisetas verdes, banderas azules y pelucas rojas que invadieron la Michigan para transformar su entorno usual, de rascacielos y trajes de marca. Los "pamboleros", entre mexicanos, hondureños y costarricenses, se apoderaron del Soldier Field, otro de los recintos deportivos de la ciudad.
A pesar de que unas horas atrás se presentó la joya de pitcheo de Buehrle, el público para el futbol gana en escándalo al beisbolero.