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CONTRALUZ LA PUNTA DEL ICEBERG

DRA. MA. DEL CARMEN MAQUEO

A quienes vivimos aquí y ahora nos ha tocado un mundo que gira a gran velocidad, de suerte que no logramos asimilar cabalmente los cambios que va presentando en cada una de sus vueltas. Un elevado número de elementos externos impacta nuestros sentidos y de alguna manera toca nuestra sensibilidad interna, de modo tal que vamos siendo modificados por ellos. En mayor o menor grado esa incapacidad para procesar los elementos externos nos conduce a estrés y ansiedad con todas sus deletéreas consecuencias.

Encontramos manifestaciones de ansiedad a lo largo de nuestro día, a partir del momento cuando las circunstancias no empatan nuestros deseos inmediatos; situaciones tan simples como no encontrar rápidamente las llaves del carro antes de salir de casa, seguros de que la noche previa las dejamos en su lugar, ya va generando un nivel de ansiedad que a partir de ese momento irá incrementándose a lo largo del día. Las complicadas vialidades en las cuales prevalece el sacar ventaja sobre el respeto a los otros conductores es otro factor que dispara los niveles tensionales de una manera más allá de lo que pudiéramos suponer, de suerte tal que para cuando llegamos al sitio de trabajo o de estudio, ya vamos bastante "carburados".

Las siguientes horas nuestro nivel de ansiedad irá elevándose para derivar en una serie de situaciones, o explotamos como olla de vapor desproporcionadamente ante una provocación mínima, o vamos reteniendo todo aquello en nuestro interior, lo que a la larga derivará en enfermedades psicosomáticas condicionadas por estrés. Otra situación asociada a niveles de ansiedad es la adicción a químicos como el tabaco, el alcohol o sustancias psicotrópicas.

Ahora bien, de entrada percibimos como natural que con tantos elementos lesivos del exterior surja la tensión, la justificamos como una respuesta lógica al medio ambiente, y así continuamos por la vida, hasta que algo grave pasa. El estrés puede tener muy diversas manifestaciones al exterior, desde el jefe quisquilloso y enojón al que nadie le da gusto, hasta el empleado aparentemente sumiso que en un momento dado muestra una cara totalmente desconocida. Para muestra de esto último tenemos los casos recientes de estudiantes que sorpresivamente han masacrado compañeros universitarios y luego se han suicidado; cuando se revisan testimonios gráficos de su vida personal se encuentran sentimientos terribles de rechazo y odio bajo una fachada de alumnos tranquilos y callados.

Lo que sí es un común denominador en personas que manejan niveles altos de estrés, es una merma en la calidad de vida propia y de su entorno, convivir en casa o en el sitio de trabajo con una persona que ante el mínimo estímulo explota no resulta nada agradable, además ¿qué niño la pasa bien al lado de una madre o de un padre refunfuñón y quisquilloso que antes que animar critica, o que en lugar de acariciar rechaza? ¿Crecerá ese niño con una autoestima bien desarrollada, cuando no encuentra aceptación de parte de quienes se esperaría fuera absoluta?... Ahora bien, la pareja sufre lo suyo, y muy probablemente desarrolle mecanismos compensatorios a esa tensión que se vive en casa, y tanto en uno como en otro casos la relación de pareja se ve afectada.

Elementos asociados a este estado tensional del individuo son el enojo y la agresión, la persona afectada en cierta manera se ciega ante sus propios modos de reaccionar y arremete de manera irreflexiva contra todo aquello que él considera lo está afectando; en esos arrebatos llega a dañarse lo que más se quiere, y aunque después venga la lucidez y se caiga en cuenta del mal que se ha hecho, las acciones emprendidas durante aquel arranque de furia ya han dejado su marca para toda la vida.

Han conmovido a la población coahuilense los recientes casos de maltrato a menores que han llevado a la muerte de algunas pequeñas presuntamente a manos de sus propios padres; la única explicación sería un arranque de furia que lleva a agredir a aquel elemento -en este caso la niña- que simboliza la causa de todo el enojo que se trae dentro. Se arremete con todas las fuerzas, encontrando justificado hacerlo en medio de aquel arrebato fuera de toda razón, hasta que las cosas se tornan irreversibles. Ahora bien, detrás de ese caso que ocupa los titulares de los periódicos y que representa la punta del iceberg, ¿cuántos casos de maltrato infantil no reportado habrá?...

El estrés patológico: Un tema relevante que a todos nos toca transformar, cada cual desde su propia posición en la vida.

Maqueo33@yahoo.com.mx

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