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Cuestión de dignidad

EL COMENTARIO DE HOY

FRANCISCO AMPARÁN

En las postrimerías de su corruptísimo sexenio, mientras el país se caía a pedazos, alguien le preguntó a Luis Echeverría si México se había convertido en un país de cínicos. El psicótico presidente se indignó, alegando la altura moral del pueblo mexicano, los valores éticos provenientes del consumo del nopal y otras zarandajas. A fin de cuentas, como sabemos, el angelito sigue libre y muy tranquilo, luego de despedazar al país y ser responsable directo e indirecto de quién sabe cuántos crímenes. Y todavía se las da de prócer. Lo dicho: o es psicótico, o es

A fin de cuentas, la historia se ha encargado de desmentir a Echeverría: si México no es un país de cínicos, ciertamente está gobernado, en todos los niveles, por gentuza que ha hecho de la desvergüenza una virtud cardinal.

En cualquier país decente, el Niño Verde se hubiera retirado cuanto antes de la vida pública, y hubiera sido encausado judicialmente, tras ser grabado exigiendo un soborno de dos millones de pesos. Pero no: siguió como diputado federal, alegando que "lo chamaquearon". Lo peor es que ahí sigue, regenteando ese negocio familiar que todos pagamos llamado Partido Verde.

En cualquier país decente, si un gobernador es grabado festejando haber amedrentado cobardemente a una mujer, y además para ayudar a un pederasta, ese gobernador no podría salir a la calle el resto de su vida, y también sería encausado penalmente. Aquí, sigue siendo gobernador de Puebla. Y tan campante

¿Le seguimos? Los políticos mexicanos ya ni siquiera pretenden tapar sus desvergüenzas con retórica o el muy clásico cantinfleo. Les importa muy poco que los consideren rateros, sucios o ineptos. Total, siguen cobrando

Por ello no nos queda sino hacer notar lo ocurrido la semana pasada en Corea del Sur, en donde se suicidó un expresidente de la república, sencillamente porque lo estaban investigando por un acto de corrupción

Roo Moo Hyun fue presidente de Corea del Sur entre 2003 y 2008. Al dejar el poder, el Poder Judicial (que allá sí es independiente) empezó a investigar un soborno pagado por una gran compañía a la esposa de Roo, con posible conocimiento del presidente. Aunque apenas arrancaba la investigación, Roo decidió, según su nota suicida, "terminar con los sufrimientos que estoy causando". Y se dejó caer por un despeñadero cerca de su casa.

Ojo: no se había probado siquiera su culpabilidad. Ese último acto radical lo cometió por simple dignidad: su honor había quedado manchado y no vio otra forma de lavarlo que abandonar este mundo.

En el mundo político mexicano, ¿se conoce siquiera la palabra honor? ¿La palabra dignidad? Por eso estamos como estamos.

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