HOY, EN ESTE DÍA
Comentemos algo que nos sucedió.
Fue apenas el pasado domingo.
Por causas que todavía no alcanzamos entender fuimos escogidos para recibir un homenaje inmerecido.
Tal vez usted haya conocido de eso.
Y sucedió que por la tarde, después de recibir la distinción, fuimos llevados, con parte de nuestra familia a una de las suites que tiene ahora el Territorio Santos Modelo.
Y ahí estábamos todavía impactados, no creyendo aún que nosotros, que crecimos en sol plateas, ahí donde el sol cala fuerte cuando se disfruta el futbol, estuviéramos ahora en área reservada para quienes tienen recursos económicos.
Así que desde arriba empezamos a ver la cancha y el partido, pero de pronto quisimos conocer quiénes eran nuestros vecinos, los de la clase alta.
Con los del lado derecho no fue difícil conocerlo, por lo que comían y bebían, pero en el izquierdo había sólo niñas, sorprendidas todas y casi mudas, mirándose unas a otras queriendo comprobar que no soñaban.
Alguien nos dijo: Son de la Casa Hogar Santa Fe, ahí donde llegan pequeñitos seres cuyos padres no pueden estar al pendiente de ellas.
También nos dijeron que esas niñas, en la época Navideña piden por las calles alguna ayudita para sus compañeras, ojalá que esto lo tome en cuenta por esos días que ya vienen.
Veíamos con qué atención y cariño los trataban dos damitas. La ternura de su forma de atender nos impactó.
Y al poco tiempo ya estábamos más impactados viendo el asombro y la alegría de las niñas que lo que ocurría abajo, donde los Guerreros no podían dar cuenta de las Águilas.
Qué bonito detalle quien tuvo la idea de llevar a lugares exclusivos a seres castigados por el infortunio, no sólo para darles un respiro en su vivir, sino para ponerles en su corazón y en su cabecita que también hay seres buenos que se ocupan de ellos.
Quien sea el de la idea de hacer esto, que El Señor lo bendiga y lo ampare.
Lo de nosotros, ya tendremos oportunidad de agradecerlo al Club Santos que aún no entendemos por qué nos escogió para algo que nunca pedimos y menos esperamos, simple y sencillamente porque hay otros con muchísimos más méritos.