Una Experiencia de Vida
TESTIMONIO DE LA DRA. GLORIA POLO
(3ª Parte)
Jaque Mate, ni idea de los mandamientos de la Ley de Dios, qué rajada tan horrible, ¿oyeron?, yo sabía que eran diez pero de ahí en adelante nada, ¡qué voy hacer aquí! No, aquí sí hago. Mi mamá siempre me hablaba del primer mandamiento del amor. Al fin me sirvió. Al fin sirvió para algo "La cantaleta" de mi mamá. Aquí me toca "decir esta cantaleta" de mi mamá. Para ver cómo salgo de ésta que no se note las demás. Pensaba manejar las cosas como la manejaba acá, siempre tenía la excusa perfecta, y siempre me justificaba y me defendía de tal manera que nadie se enterará de lo que no sabía. Y aquí me figuro, aquí empiezo a decir: El primero. Amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo. "-¡Muy bien!". Y me dicen: "-¿Y tú los has amado?". Y digo: ¡yo sí, yo sí, yo sí! Y es cuando me dicen: "No". Miren, cuando me dijeron ¡No!", ahí sí sentí la descarga eléctrica del rayo, porque yo no me di cuenta en qué parte me cayó el rayo, no sentía nada, y me dicen: ¡No! Tú, no has amado a tu Señor sobre todas las cosas, y muchísimo menos a tu prójimo como a ti misma. Tú hiciste un Dios que acomodaste a tu vida, sólo en momentos de extrema necesidad. Te postrabas ante Él, cuando eras pobre, cuando tu familia era humilde, cuando querías ser profesional. ¡Ahí sí todos los días orabas y te postrabas tiempos enteros, horas enteras! ¡Suplicando a tu Señor! ¡Orando y pidiéndole para que Él te sacara de esa pobreza y te permitiera ser profesional y ser alguien.
Cuando tenías necesidad, querías dinero, ahí mismo un rosario Señor, ¡pero mándame el dinero! ¡Ésa era la relación que tú tenías con el Señor! Yo veía a mi Señor, de verdad tristemente. Les comento, la relación con Dios era de "cajero automático". Rezaba un rosario y tenía que bajar dinero, ésa era mi relación con Él. Y me muestran, tan pronto el Señor me permitió que tuviese profesión, que empezaba a tener un nombre y empezaba a tener dinero, ya me quedó chiquito el Señor, y ya empecé a creerme muchísimo, ni siquiera la mínima expresión de amor con tú Señor. ¿Ser agradecida? !Jamás¡ Ni siquiera abría los ojos. ¡Señor, gracias por este día que me has dado, gracias por mi salud, por la vida de mis hijos, porque tengo un techo, pobrecitos los que no tienen techos, ni comida Señor...! ¡Nada, desagradecidísima!
Y fuera de eso, pusiste tan debajo a tu Señor, que creías más en los astros para la suerte, andabas segada a la astrología diciendo que los astros manejaron tu vida. Empezaste andar en todas las doctrinas que te ofrecía el mundo, empezaste a creer que simplemente morías y volvías a empezar. "Y te olvidaste de la ¡Gracia!". Que tú habías costado un precio de sangre a tu Señor. Me hacen un examen de los Diez Mandamientos. Me muestran que yo decía que adoraba, que amaba a Dios con mis palabras, y la verdad es que adoraba a Satanás. Porque en mi consultorio llegaba una señora a hacer limpias, y yo decía: "Yo no creo en eso" pero échelos por sí las moscas. Y empezaba echar ella rieguitos para la buena suerte.
Había puesto allá en un rincón donde no supieran los pacientes, una penca de sábila con una herradura que dizque para alejar las malas energías. Miren todo eso, ¡vergonzoso!, me hacen un análisis de toda mi vida, sobre los Diez Mandamientos, me muestran con el prójimo quien fui yo. Como le decía a Dios que lo amaba, cuando todavía no me había alejado de Él, cuando no había empezado andar en el ateísmo yo decía: -¡Dios mío, te amo! Pero con esa misma lengua que yo bendecía al Señor, con esa misma lengua le daba duro a toda la humanidad; criticaba a todo el mundo, a todo el mundo andaba señalando con el dedo, siempre la santa Gloria. Y como me mostraba que yo decía que amaba a Dios y era envidiosa y que agradecida, jamás le reconociste todo el esfuerzo, y el amor, y la entrega de ellos, para darte una profesión, para levantarte, y todo eso, tan pronto tuviste profesión; hasta ellos te quedaron pequeños. Al punto de llegar a avergonzarte de tu mamá, por la humildad y la pobreza de ella.
Y me muestran como esposa, quién era. Todo el día renegando desde que me levantaba. Mi esposo me decía: "¡Buenos días!". ¿Cuáles buenos días? Mire, está lloviendo. Renegando todo el tiempo y con mis hijos. Me muestran que ni siquiera jamás tuve amor y compasión por el prójimo, por mis hermanos de fuera. Y me decía el Señor "Nunca pensaste... ¡Pobrecitos, Señor los enfermos! Dame la gracia de ir allá a acompañarlos en su soledad. Los niños que no tienen mamá, los huerfanitos, cuántos niños sufriendo Señor"... mi corazón de piedra... ¡Total!, en el examen de los Diez Mandamientos no pasé ni medio.
¡Terrible espantoso!, vivía un verdadero caos. ¿Cómo que yo no había asesinado y había matado a tanta gente? Por ejemplo yo di muchos descuentos a gente necesitada pero daba no por amor, daba por mi imagen, porque como era muy rico que todo mundo me viera la gracia, y como era de rico manipularle la necesidad a la gente.
Y entonces yo decía: "tome le doy este descuento pero me hace el favor va y me reemplaza en las reuniones del colegio de mis hijos, porque yo no tengo tiempo de ir a las reuniones personales, de los colegios. Y así a todo el mundo le daba cosas pero les manipulaba, además me encantaba que anduviera un montón de gente detrás de mí diciendo lo buena y lo santa que era. ¡Me creé una imagen! Y me dicen a mí: "¡Es que tú tenías un Dios y ese dios era el dinero!, ¡por él te condenaste!; por él te hundiste en el abismo, y te alejaste de tu Señor"... Nosotros sí habíamos tenido mucho dinero, pero estábamos quebrados, endeudadísimos, se nos había acabado el dinero... Entonces cuando me dicen Dios dinero, yo grité: "Pero cuál dinero si yo allá en la tierra dejé muchas deudas"... y hasta ahí hablé...
Y cuando me hablaban por ejemplo del segundo mandamiento veía que yo pequeñita, tristemente aprendí que para evitar los castigos de mi mamá, que eran bastante severos, las mentiras eran excelentes y empecé a caminar con el padre de la mentira (Satanás), y empecé a volverme mentirosa y a medida que mis pecados iban creciendo, las mentiras iban haciéndose más grandes. Me daba cuenta que mi mamá respetaba mucho al Señor y para ella el nombre del Señor era santísimo, entonces yo pensé y dije: aquí tengo el arma perfecta y comencé a jurar en vano, le decía: "Mami por Cristo lindo te juro...", y así evitaba los castigos. Imagínense en mi mentira colocando el Santísimo nombre del Señor en las porquerías, en mi inmundicia porque ya estaba llena de tanta mugre y de tanto pecado.
Y vean hermanos, aprendí que las palabras no se las lleva el viento, cuando mi mamá se me ponía muy terca le decía: "Mamá, sabe qué, ¡que me parta un rayo si te estoy diciendo mentiras!", y la palabra se fue en el tiempo, pero miren por misericordia de Dios estoy aquí, porque en realidad el rayo entró y me atravesó prácticamente en dos partes y me quemo.
Me mostraban como yo que me decía católica nunca tuve palabra y siempre anteponía el Santo nombre del Señor. Me impresionó cómo el Señor pasaba, y todas las criaturas, todas esas cosas espantosas, se votaban al piso en una adoración impresionante. Vi a la Santísima Virgen postrada a los pies del Señor, orando por mí, en una extrema adoración y yo pecadora desde mi inmundicia de tú a tú con el Señor. Yo tan buena que he sido. Renegando y maldiciendo del Señor. Continuará...
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