Educar es depositar en cada hombre
Toda la obra humana
Que le ha antecedido,
Es hacer a cada hombre
Resumen del mundo viviente,
Hasta el día en que vive;
Es ponerlo a nivel de su tiempo
José Martí
Cuando me pongo a repasar los incipientes estudios escolares de mi vida, llega inevitablemente la amorosa imagen de mi maestra María, que me dejó atrapado en su generosidad desde primero de primaria, me enseñó las primeras letras, a sumar y restar, me educó en esas operaciones matemáticas simples, contando con galletas de animalitos.
Después de realizar las sumas y restas -que eran demasiado agradables, será por el hambre en la que vivía-, ella nos autorizaba a devorar las diez galletas que de su peculio nos obsequiaba.
Así trascurrió mi infancia, admirando a mis maestros, que en una entrega apasionada daban todo de sí; los años han pasado y la vejez ha llegado al viejo Filósofo, pero aún recuerdo con el más amoroso afecto a mis mentores, quienes me enseñaron que en el juego de la vida hay que jugar a "ganar-ganar", es decir, a entregarnos a la tarea de tal manera que cuando hayamos partido, seamos recordados por lo que fuimos capaces de dar con amor.
Mis maestros tuvieron la alquímica facilidad para destapar el mundo de mi imaginación, me enseñaron a visualizarme con mis sueños realizados, por más "imposibles que fuesen", creer en ellos, soñar con ellos, percibirme físicamente con mis deseos, teniéndolos en la mano; con el paso del tiempo he conservado esa maravillosa enseñanza, es lo que me ha hecho creer en mi potencialidad de vida.
H.B. Adams, con la certeza de un aforismo preciso, afirmó: "Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede predecir dónde acabará su influencia", cosa más cierta no puede haber, pues nuestros maestros trabajan ejerciendo un apostolado ejemplar, sabiendo que ellos, con su capacidad, entusiasmo y sabiduría, marcaran la diferencia para toda la vida en sus alumnos.
Cuando escribo del maestro, no me refiero a los grandes pedagogos que han hecho historia como: Pablo Freire, Vito Alessio Robles, Estefanía Castañeda, José Vasconcelos, ellos tienen su espacio, me refiero al modesto "maestro de banquillo" que consagra su vida a darse a través de su palabra, su ejemplo, su enseñanza, que acudiendo al llamado interior de compartir el saber, deja su huella en la historia educativa de nuestras regiones y construyendo un México para todos.
A todos los educadores de México, a los presentes y los que ya partieron al encuentro de su luz, con afecto les digo: ¡Feliz día del Maestro! y para ustedes parafraseo a la Madre Teresa de Calcuta:
"Enseñaste a volar,
Pero no volarán tu vuelo;
Enseñaste a soñar,
Pero no soñarán tus sueños;
Enseñaste a vivir,
Pero no vivirán tu vida...
Pero sabrás que cada
Vez que ellos vuelen,
Piensen, sueñen, canten, vivan,
Estará lo sencillo del camino...
Que aprendieron de ti".