La falta de empleo, de dinero y la necesidad arrojaron a Roberto a los tentadores brazos de la delincuencia. Pero hoy, las cosas cambiaron.
Con 25 años de edad, es padre de un pequeño y está desempleado, como muchos jóvenes.
Hace más de una década, arribó a esta región acompañado de sus hermanos y padres, proveniente de Tamaulipas. Tras abandonar la escuela, decidió buscar suerte y ganar su propio dinero.
Su inexperiencia y juventud lo llevaron a trabajar como albañil. En corto tiempo, llegó el amor y con él, su único hijo.
Poco a poco las necesidades se fueron haciendo cada vez más y el sueldo no era suficiente. Pañales, comida y otros gastos se acumulaban.
"En todo este tiempo había trabajado en la obra, a veces de 'mosca' en los camiones", cuenta. Ante los reclamos de su pareja por la falta de dinero, Roberto se refugió en las drogas. "Me iba a las esquinas y hacía loqueras".
En medio de las drogas y la desesperación, fue seducido por la delincuencia. "Me puse a loquear con otro compañero y me llevaron a robar una casa... la vaciamos toda".
"Me da vergüenza decirlo, pero fui por mandado, le dije al vendedor que le dejaba una lámpara y un buró, a cambio de dos kilos de huevo, me preguntó que si no eran robadas y le dije que no".
Los robos eran más frecuentes y peligrosos, pero cansado del miedo decidió buscar ayuda en Alcohólicos Anónimos.
Desde entonces no ha vuelto a robar y mucho menos drogarse. Aunque no cuenta con un empleo fijo y pese a haber sufrido nuevas tentaciones, dice que no caerá en los "mismos errores".
Hoy es un hombre diferente. Su lugar de trabajo son las calles pero ahora para ofrecer diversos artículos para el hogar, "es sencillo pero honrado y gracias a esto puedo tener mi cabeza en alto y mi conciencia tranquila".