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Estados fallidos

A LA CIUDADANÍA

Magdalena Briones Navarro

En diferentes medios de comunicación recientemente he recogido alusiones sobre los “Estados Fallidos”. Noam Chomsky nos dice: “Aunque el concepto es ´frustrantemente impreciso, es posible identificar varias de las características primarias de los Estados fallidos. Uno es la falta de capacidad o voluntad para proteger a sus ciudadanos de la violencia y tal vez incluso la destrucción. Otro es su tendencia a considerarse más allá del alcance del derecho nacional o internacional, y por tanto libres de perpetrar agresiones y violencia. Además, si tienen forma democrática, padecen un grave déficit democrático que priva a sus instituciones formales de auténtica sustancia”.

Tomar por ciertos estos tres rasgos, colocaría a la mayoría, si no a todos los Estados en términos de Fallidos en más o en menos según su poderío y situación competitiva, internos y externos.

¿Se entiende por violencia y destrucción solamente aquellos que devienen del exterior patrio y obedecen a intereses extranjeros? El caso es que es difícil delimitar cuál es el exterior patrio y cuáles los intereses extranjeros, tan mezclados y ejercidos como están los dominios territoriales, económicos, políticos e ideológicos a nivel mundial por los imperios; y a nivel interno, por el mismo tipo de arbitrariedades ejercidas por el poder político-económico-mafioso “constitucionalmente amparado”, pero cada vez menos democrático, dada la creciente distancia entre la opinión y la administración públicas, la desconfianza e increduludad del gobernado hacia sus gobernantes y el desprecio mal ocultado por el discurso del representante público a sus representados.

Decir mentiras es igual a falsificar la realidad, induce a quienes se engaña a la búsqueda de soluciones, sacrificios y subordinación inútiles. Cuando es imposible disimular un hecho, evidente para cualquiera (la pobreza, por ejemplo), entonces lo falso se conservará en las propuestas únicas de solución sostenidas en y por el discurso político. Engañar, fingir, aparentar, ¿no constituyen ejercer violencia?, ¿no destruyen valores personales y sociales?, ¿no quebrantan el entramado social? Por más que los males sean sistémicos, no hay voluntad de mostrar y discutir nacionalmente cuáles son las fallas del sistema y tratar de corregirlas. Finalmente los sistemas también son impuestos, envueltos en mentiras, por quienes de ellos usufructuan, (los imperios). En cuanto a los explotados satélites, éstos se alinean en gran festividad, porque así todos somos iguales, con los mismos derechos y obligaciones, poderío, justicia, democracia y oportunidades. ¡Estamos en crisis mundial! ¿puede haber mayor equidad?

Por lo tocante “a su tendencia a considerarse más allá del derecho nacional e internacional, y por tanto libres para perpetrar agresiones y violencia”, tenemos ejemplos mundiales sobrados; muy cercano, el de los distintos gobiernos estadounidenses contra otros países contrarios a sus intereses, simpatías, o por considerarlos una amenaza a su bienaventurada democracia; cuando se indisciplinan comercialmente etc., etc., etc., se curan en salud propiciando o favoreciendo guerras, guerrillas, ventas de armas, espionaje que salve a Estados Unidos de “terrorismo”. Lo más próximo en el tiempo y la memoria fue la decisión de Bush II de culpar a Irak de poseer armas de destrucción masiva (amenaza de terrorismo mundial) que jamás existieron, alentada además por un santo afán de democratizar tal Estado. Para ello declaró la guerra, costosísima para ambas naciones y coadyuvante del desastre estadounidense actual. Esto no fue terrorismo pues manó de la encumbrada lógica de un poder intachable y generoso. Ni los iraquíes, ni el pueblo norteamericano, ni pueblo alguno merecen tales sacrificios en aras de la acumulación del capital transnacional. Parecen ser ciertos un deseo y una esperanza mundiales depositados en el nuevo presidente de EUA, a quien se tiene por más inteligente, preparado políticamente y mejor y más amplia persona que su antecesor.

Así sea. Pero ¿qué decir de nuestra casa? ¡Ay, ay, ay nuestra subdesarrollada casa y cada vez más descuidado y deficiente hogar! ... Aquí casi nada funciona: planes y programas nacionales no se cumplen y nadie sabe ni se explica por qué. La impresión general es que el dinero sobra a juzgar por sumas impositivas (algunas anticonstitucionales) otras, estratosféricas, de las que se sabe su origen, pero no su empleo. Negocios personales multimillonarios de representantes públicos, sus cuates, consortes e hijines, jamás investigados… se compran los puestos públicos mediante ayudas y complicidades, luego agradecidas con dinero, privilegios, exenciones, exculpaciones, franquicias, indultos para el receptor y para el donante: hoy, sistema, método y puestos a punto de convertirse en hereditarios.

La distancia entre gobierno y pueblo es cada día más grande y ninguno acierta a marcar rumbos nacionales venturosos. Los pocos, pero enormes capitales, en su mayoría extranjeros, son los favoritos del Gobierno. El mexicano común, con todos los derechos que la ley marca en su favor, no goza de justicia, ni de seguridad, ahora tampoco de empleo. Las grandes masas están descapitalizadas en lo económico, lo político, lo social, en servicios, etc. Luego, la Nación también lo está, independientemente de los supuestos laureles cosechados por políticos de fácil palabra ambigua. ¿Será el nuestro un “Estado Fallido”?

Fuente: N. Chomsky. Estados Fallidos. Ediciones B., Barcelona, 2007.

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