El señor presidente Felipe Calderón, ha decidido dar el esperado golpe de timón que anhelaban quienes no estaban satisfechos del todo con su manera de gobernar y reivindicó su poder sobre el Banco de México al desplazar a su actual presidente, Guillermo Ortiz Martínez en la gobernanza de esa institución y colocar al ahora ex secretario de Hacienda y Crédito Público, Agustín Carstens Carstens, cuya silla estará en adelante ocupada por quien era secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, el cual cede el paso a un señor llamado Heriberto Félix Guerra, a quien ya apuntan los reflectores. Bástenos decir lo obvio: también es panista. Ante este escenario resulta imposible no rescatar los días del desacertado populismo lopezportillista en que la economía y las finanzas del país "se manejaban desde Los Pinos". No en la secretaría de Hacienda y mucho menos en el Banco de México. Para "recordar lo recordado" recurriremos a la puntual narración de hechos que hizo don Adrián Lajous en "Mi cuarto a espadas" sobre la conjunción de sucedidos entre 1976 y 1982, años terribles para nuestra estabilidad económica y monetaria. Leamos a don Adrián:
"A principios del régimen (se refiere al de López Portillo) elGabinete de comercio exterior estaba compuesto aproximadamente por ocho personas, pero poco a poco fue creciendo. Ya en la reunión a la que me referiré hubo cerca de 50 funcionarios. El objeto de la junta era analizar el alarmante descenso de la exportación de productos no-petroleros, especialmente de los manufacturados. Uno de los puntos de la orden del día se titulaba "discusión libre". Sin embargo, no resultó tan libre puesto que previamente se habían seleccionado los oradores y les habían asignado el tema que cada uno iba a desarrollar...
"Uno por uno, los oradores que figuraban en un guión confidencial, que yo no conocía, señalaron problemas individuales y prescribieron parches porosos, cataplasmas, chiquiadores y otros remedios similares para curar la enfermedad. Cuando me di cuenta ya se había cerrado la "discusión" y López Portillo empezaba a tomar decisiones. Lo interrumpí para pedir la palabra. De memoria haré un resumen de lo que dije:
"Se ha hablado con algún detalle del descenso de las exportaciones no-petroleras, pero no se ha tocado la causa; la sobrevaluación del peso. Nunca me han entrado las matemáticas, por lo cual no me es posible aplicar las complicadas fórmulas algebraicas que algunos sabios alegan les permiten determinar la paridad real del peso con el dólar. Recurro entonces a un método rústico que creo es más eficaz: observo la competitividad coyuntural del algodón.
"Si hay algo en que somos eficientes es precisamente la producción de algodón. En promedio cosechamos más kilos por hectárea que Estados Unidos y la mayoría de los países productores. Normalmente lo podemos exportar en tiempos buenos y tiempos malos. Aun en aquellos años de sobreproducción mundial en que los precios internacionales llegaron a caer a niveles muy bajos, lográbamos vender todo nuestro sobrante y la mayor parte de los productores recuperaban sus costos y todavía les quedaba alguna ganancia. Sólo los agricultores menos eficientes eran los que sufrían pérdidas en las épocas de precios bajos.
"Ahora, en 1982, aun los productores más eficientes, que producen cuatro, cinco, o más pacas por hectárea, tienen dificultad para recuperar sus costos al precio que predomina en el mundo, precio al cual otros países sí pueden ganar. Esta es la señal inequívoca de que el peso mexicano está sobrevaluado. Ha sido precisamente en las épocas anteriores en que el peso se mantuvo a un valor artificialmente alto cuando hemos tenido dificultades para vender algodón. La incompetitividad de nuestra fibra prende un foco rojo que avisa que debemos ajustar la paridad del peso. Esta mañana se ha tomado la decisión de gastar diez millones de pesos adicionales para continuar un estudio sobre la ventaja comparativa de los diversos productos mexicanos. En este momento de crisis me parece incongruente preocuparnos por un tema académico y no de la sobrevaluación, siendo que ésta es la verdadera causa de que caigan nuestras exportaciones.
"El presidente me contestó secamente que esos problemas se estaban estudiando en el Gabinete económico y no en el de comercio exterior. Luego dio la palabra a David Ibarra, secretario de Haciendo (......) y a Gustavo Romero Kolbeck, director del Banco de México. Ibarra ignoró mi proposición y habló de otras cosas. Romero, en cambio, me refutó cantinfleando...
"Quizá éstas no sean, precisamente, las mismas circunstancias que presionaron entonces la decisión presidencial sobre el gobernalle de la economía nacional y sea, en cambio, otra la actual situación de un peso controlado en las ventanillas de los bancos, evasivas ante quienes quieren comprar dólares y condescendiente ante quienes quieren venderlos. Pero el ambiente es sospechoso y el comentado enroque de funcionarios financieros y hacendarios lo es todavía más... Lástima que el espacio de esta columna nos obligue a poner aquí unos puntos suspensivos. El jueves próximo concluiremos la lectura de las memorias de don Adrián Lajous...