De la vida misma
Quienes tenemos el gusto por la lectura, con frecuencia viajamos a otras dimensiones.
Un buen libro tiene la virtud de transportarnos a escenarios maravillosos, a la vez que nos permite ampliar nuestra imaginación, ubicándonos en los mismos escenarios que el autor va describiéndonos.
Por estos días leemos Los Pilares de la Tierra, uno de los libros más vendidos en todo el mundo, escrito por el inglés Ken Follet. Su novela nos lleva de la mano a la época de la Edad Media, y el tema principal se desarrolla en los muchos contratiempos que aparecen en la construcción de una catedral.
Pero uno anda por veredas y poblados fascinantes, dentro de una trama que combina lo mismo la aventura que el romance, la religiosidad y la guerra.
Mientras leemos, hacemos una pausa. El libro es gigantesco, con mil trescientas cincuenta y nueve páginas, así es que hay que tomar periódicos respiros, sobre todo para ubicarnos con mayor precisión en esa época por la que vamos pasando en cada página.
Hacía tiempo que no dedicábamos tanto tiempo a un libro. Habíamos tomado un descanso y nuestro reencuentro con la lectura ha sido fascinante.
Y nos ha motivado tanto este libro que ya hemos empezado a poner en fila de espera algunos otros volúmenes que alguna vez compramos o nos regalaron.
Y hacemos una comparación de lo que disfrutamos leer un buen libro o ver televisión. Nada como lo primero, porque nos permite, como decíamos anteriormente, fomentar la imaginación, lo que no logra ningún programa de televisión.
Desde siempre, en casa hay una gran predilección por la lectura, empezando temprano con este diario y luego con otros más. Todo por la mañana. Y después de la comida, antes de la siesta, se abren las páginas de los libros, ahora que se han dejado atrás los de texto, que por tanto tiempo ocuparon lugar especial en todo el ámbito familiar.
Uno de nuestros deseos es poder resumir en artículos pequeños el contenido principal de algunos libros que nos han gustado, con el deseo de motivarlo a usted a reencontrarse con la lectura, antes de que el tiempo se vaya.
Con ello rendimos además un homenaje y evocamos un recuerdo a quienes nos ayudaron tanto a conocer tantos buenos autores. Nos referimos a don Jorge González Juambelz y a don Salvador García, nuestros maestros de siempre cuando llegamos a esta Casa.