Los mercados bursátiles han estado algo nerviosos en fechas recientes. Las buenas noticias los impulsan, pero luego se abruman por dudas respecto al momento y la fuerza de la recuperación económica.
Muchos piensan, de hecho, que están sumamente adelantados, por lo que dicen que no nos sorprendamos si sufren una recaída.
Esto se debe a que las valuaciones de las empresas en México y otros países no reflejan las condiciones económicas actuales, y que pasará un buen tiempo antes de que logren reestablecer el nivel de operación y rentabilidad que tuvieron antes de la crisis.
No obstante lo anterior, existen analistas que prevén que los indicadores bursátiles, si bien volátiles, continuarán al alza en lo que resta del año.
En este contexto surgen dos preguntas: ¿Qué explica el comportamiento reciente de los precios de las acciones? y ¿Qué podemos esperar en los meses siguientes?
El argumento más socorrido para el entusiasmo bursátil que se ha dado durante la mayor parte de la primavera y el verano es que, por lo general, los mercados se adelantan alrededor de seis meses al comienzo de una recuperación económica, que desde hace tiempo se espera durante la segunda parte de este año.
Es posible que eso esté sucediendo, pero me parece que el factor más importante en la evolución de los indicadores bursátiles desde marzo fue la decisión de los principales bancos centrales de aplicar, a partir de ese mes, medidas heterodoxas.
Por ejemplo, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos (EU) ha estado dispuesta a hacer, desde entonces, todo lo que sea necesario para prevenir cualquier cosa que se parezca a la catástrofe económica de la Gran Depresión.
Hacer lo que sea necesario se refiere, en este caso, al relajamiento cuantitativo, que consistió en la compra por parte de la Fed de bonos gubernamentales y otros activos de largo plazo con dinero fresco, con los objetivos de abatir las tasas de interés, disminuir los temores de una deflación y alentar la confianza de los agentes económicos.
Esa decisión mejoró considerablemente el sentimiento en los mercados financieros, lo que facilitó que una parte importante de esa nueva liquidez, que hasta ahora no ha propiciado un aumento de las presiones inflacionarias, impulsara el precio de las acciones en Estados Unidos y los mercados emergentes.
Ahora bien, ¿qué podemos esperar de la política monetaria de EU en los meses siguientes? Por el momento, la Fed no piensa que el paciente esté totalmente fuera de peligro.
Ello se deriva de su comunicado de la reunión del 12 de agosto, donde señaló que no cambiará su política de corto plazo por un tiempo.
En consecuencia, es poco probable que la tasa de los fondos federales se modifique en lo que resta del año.
La mayoría de los economistas espera un alza en algún momento del 2010. Hay, sin embargo, un buen número de ellos que todavía piensa que no habrá variación alguna en dicha tasa hasta 2011.
Al mismo tiempo, la Fed anunció en el comunicado referido que está preparando la estrategia de salida para su política monetaria heterodoxa, al advertir que terminará sus compras de bonos del tesoro en el mes de octubre, primer eslabón en el proceso de drenar el exceso de liquidez en el sistema.
La evolución de los indicadores bursátiles en los meses siguientes dependerá, entonces, de dos fuerzas. Por un lado, recibirán todavía un impulso de las políticas fiscales y monetarias expansivas, que junto con el proceso de reposición de inventarios favorecerán un repunte de la actividad económica en lo que resta del año.
Esto puede traducirse en un alza adicional de los precios de las acciones, siempre y cuando los resultados de las empresas sean iguales o superiores a los esperados por los inversionistas en un contexto de recuperación económica.
Por otro lado, la suspensión de las compras de bonos del tesoro en octubre, así como la necesidad de que la Fed se dedique después a drenar el exceso de liquidez, pudiera afectar de manera negativa la demanda en el mercado bursátil estadounidense y de otros países.
El escenario más negativo para el precio de las acciones sería una menor liquidez en la economía que coincida con una recaída económica en algún momento del 2010. Por ahora, el riesgo de ese evento es relativamente bajo.
Una encuesta entre 47 economistas sondeados por The Wall Street Journal en la primera quincena de agosto le dio un 20 por ciento de probabilidad.
No obstante, aun cuando la recaída es remota y la mejor inversión a mediano plazo siguen siendo las acciones, no es prudente esperar por ahora un vigoroso auge bursátil.
El futuro próximo se caracterizará, más bien, de altibajos, hasta que existan señales más claras de una recuperación económica sostenida.