Dice el dicho que mal empieza la semana al que ahorcan en lunes. Algo así ha de estar pensando el pueblo palestino de la manera en que está despuntando este 2009.
Hace unos días, el Estado de Israel desató una violenta ofensiva sobre la Franja de Gaza, con el propósito explícito de desmantelar los recursos operativos del grupo Hamas, el cual tiene el control indiscutido de ese enclave palestino desde hace casi dos años.
El alegato israelí es que Hamas ha venido realizando ataques con cohetes medio hechizos en contra de ciudades israelíes cercanas a la Franja. Y que para terminar con ellos, es preciso no sólo acabar con la capacidad militar del grupo; sino también, decapitar a la dirigencia política del mismo.
Lo cual no es nada raro: Hamas es el grupo palestino islamista más radical: se niega a cualquier negociación con Israel, y sigue pretendiendo que su objetivo último es la eliminación del Estado judío y que toda la antigua Palestina quede bajo dominio árabe y homogéneamente musulmana. Por todo ello, es visto por Israel como su principal enemigo… lo que ya es decir.
Además, como decíamos, desde hace casi dos años Hamas se hizo del control total de la Franja de Gaza, habiendo echado a sus tradicionales rivales políticos palestinos de Al-Fatah, el que fuera el grupo comandado por Yasser Arafat durante décadas; y referente necesario para todo lo que tenía que ver con la causa palestina. Ya no más, al menos en Gaza.
Este es un territorio de unos 65 kilómetros de largo y no más de diez de ancho, pegado a la costa del Mar Mediterráneo. En ese estrecho tramo vive un millón y medio de palestinos, muchos de ellos en condiciones muy precarias. Debido a la densidad de población, las instalaciones militares, de gobierno, educativas y residenciales están situadas unas junto a las otras.
Por ello los ataques israelíes, según su versión de los hechos, causaron tantos muertos: porque al destruir un cuartel de la Policía de Hamas, es inevitable dañar edificios aledaños, con frecuencia escuelas o viviendas de civiles. El viejo y doloroso asunto de los “daños colaterales”.
Lo que resulta particularmente notable de estos acontecimientos es el número de muertos: más de 400 en menos de una semana. Desde la Guerra de los Seis Días de 1967, los palestinos no habían tenido tantas bajas a manos de los israelíes.
Por ello, la reacción no sólo de Hamas, sino de los palestinos todos, es previsible. Y de esa manera se reactiva la cadena interminable de represalias, odios y venganzas que ha tenido en vilo a esa región del mundo desde hace más de sesenta años. Mal comienzo de año.