Una de las mil galas de mi ciudad es el Palacio. El Cinema Palacio. No cine, si me perdona usted: cinema. Y con mayúscula.
Construido en el más puro estilo Art Deco, el edificio se alza en la tradicional calle de Victoria. Nosotros no decimos “calle Victoria”; decimos “calle de Victoria”. En ella nos enamorábamos; noviábamos en ella, y por ella íbamos los domingos en la tarde a la función de estreno del Palacio.
Desde la azotea del prestigioso Hotel Arizpe un joven pintor americano, desconocido entonces, trazó en un lienzo la imagen del Palacio, y en su pintura puso el aire de soledad y de misterio que todos sus cuadros tienen. Ese artista es hoy mundialmente conocido. Se llama Edward Hopper.
En altas horas camino por la calle de Victoria, y veo el Palacio. Hay en la noche ese misterio y esa soledad que vio el artista. Los años pasan, pero el arte no. Tiene el Palacio la misma edad que tenía cuando Hopper lo pintó.
¡Hasta mañana!..