(TRIGÉSIMA SÉPTIMA PARTE) LOS ROLES DE MÉDICOS Y MAESTROS EN LA SALUD MENTAL
Como etapa de transición y debido precisamente a esa serie de cambios tan importantes que se dan durante ella mencionados la semana pasada, la adolescencia viene a ser un terreno sumamente fértil para la presencia y el desarrollo de diferentes conflictos emocionales serios, que en ocasiones se pueden desenvolver además como trastornos psiquiátricos de menor o mayor intensidad. Trastornos presentes desde el nacimiento o los primeros años de vida como puede ser el llamado déficit de atención con hiperactividad, o el trastorno antisocial (que de ningún modo se refiere al grado de timidez y de tendencia al aislamiento que presentan ciertos individuos y que en el lenguaje común se denomina antisocial, sino que se trata de los diversos tipos de conductas delictivas como los robos, el vandalismo, los engaños, los fraudes e incluso los asaltos con armas, las violaciones o los crímenes) se intensifican en un alto grado conforme se llega a esta etapa de la vida, e inclusive presentan nuevos y más acentuados síntomas, que los convierten en un problema de salud pública todavía más serio y no fácil de controlar. Algo semejante sucede con los trastornos del aprendizaje, que cuando no han sido detectados y tratados adecuadamente durante la infancia, suelen convertirse en problemas académicos cada vez mayores durante la escuela secundaria y la preparatoria, o hasta en los niveles universitarios, asociados inclusive con problemas de conducta del o la adolescente. Es frecuente que cierto tipo de trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia, lleguen a iniciarse precisamente durante este período de la vida, con cuadros sintomáticos en ocasiones más leves, pero que también pueden ser sumamente aparatosos.
En el caso de los trastornos de ansiedad, no es infrecuente que se presenten en la adolescencia una variedad de ellos como pueden ser las fobias de todo tipo incluyendo la fobia social, el trastorno de ansiedad generalizado o los ataques de pánico, en sujetos que ya de niños habían presentado síntomas importantes de ansiedad del tipo de la ansiedad de separación o la generalizada, pero que tal vez no fueron detectados ni diagnosticados o tratados y pasaron hasta cierto punto desapercibidos. Tales trastornos pudieron haber dejado secuelas en estos individuos, o inclusive cursaron en forma silenciosa hasta llegar al período de la adolescencia, cuando la presencia de nuevos e intensos factores y experiencias estresantes, determinaron una reactivación de tales síntomas. Algo parecido puede suceder con las obsesiones y compulsiones que se inician parcialmente durante la infancia, para intensificarse en la adolescencia y la etapa adulta ya como un trastorno obsesivo-compulsivo propiamente dicho. A su vez, las experiencias traumáticas sexuales o violentas que se dieron en los años tempranos del desarrollo, marcan a los individuos que las padecieron con huellas indelebles que se siguen manifestando a lo largo de la infancia para reavivarse en forma severa durante la adolescencia, en lo que se ha clasificado como el trastorno de estrés postraumático.
En un mundo y un ambiente tan competitivo y acelerado como el que estamos viviendo, en donde el término crisis resuena constantemente como una parte más de lo que consideramos común y cotidiano, asociado también a una serie de amenazas y de pérdidas esenciales de todo tipo, no es extraño entonces que los adolescentes lleguen a sentirse perdidos, desorientados, frustrados, decepcionados, tristes e irritados, con mayor dificultad para encontrar su identidad y su ubicación, no sólo desde un punto de vista psicológico, sino aún en el sentido más concreto del término. Las consecuencias de ello, es que aquellos muchachos y muchachas, poseedores de cierta herencia genética que los hace más sensibles y vulnerables, empiecen a presentar síntomas de tipo depresivo, en lo que puede considerarse como lo que consideramos en el lenguaje psiquiátrico como una depresión mayor, una distimia o inclusive un tipo de trastorno bipolar, trastornos todos que encontramos cada vez con mayor frecuencia en esta etapa de la vida y que es necesario detectar y tratar adecuadamente (Continuará).
Asociación de Psiquiatría y Salud Mental de La Laguna A.C. (PSILAC)