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COTY GUERRA

Lo había visto cantar hacía varios años y dudaba si valía la pena asistir a su concierto en esta semana en la Arena Monterrey, porque su gira actual es para conmemorar 50 años de trayectoria musical, y se dice fácil, pero, medio siglo son muchos años (sus "primeros 50s" como él los llama); sin embargo su show estuvo maravilloso... "maravilloso, corazón, maravilloso" (como su canción).

A los nueve años de edad en el Festival de Salzburgo, Austria, fue reconocido como niño prodigio al recibir el premio como solista a la mejor voz infantil de Europa. Cuando Raphael se dio a conocer en nuestro país a principios de los años 60s, a través de varios programas de televisión patrocinados por una marca española, era un joven con una magnífica voz que modulaba como se le antojaba, muy limpia y potente. Llamaba la atención su manera de interpretar sus canciones, a lo que México no estaba acostumbrado: pero, lo que sucede realmente es que sus melodías son verdaderas poesías y él las dramatiza.

Recuerdo con nostalgia que nos gustaban tanto sus canciones que a la hora del programa abandonábamos la clase en la Secundaria Nocturna de la Escuela Centenario para verlo en la televisión de la casa de alguna compañera (¿lo recuerdan, "muchachas"?). Además de sus apariciones en algunos programas de televisión posteriores, lo vimos en el Auditorio Municipal de Torreón y en el Crowne Plaza de Monterrey hace algunos años.

El concierto de este martes fue un recorrido con sus canciones más populares de cada época, de todos los países (incluyendo la ranchera "Volver"), lo que prendió al auditorio desde el inicio; pero, lo que realmente sorprendió fue la potencia de su voz (cantó a capela y sin micrófono), con la limpieza con la que interpretaba en los años 60s. Se desplazó por todo el escenario como si tuviera 20 años con una sorprendente vitalidad (confiesa 64 años), entregando su energía, su profesionalismo y su sentimiento al cantar. Fue un verdadero maratón de tres horas, donde dio rienda suelta a su caudal vocal e histriónico, con un Raphael simpático, de sonrisa pícara de niño.

No cabe duda de que, si Dios se lo permite, se podrán tener otros 50 años de trayectoria de Raphael, "El Ruiseñor de Linares".

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