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Rebelión en el PAN

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LUIS FERNANDO SALAZAR WOOLFOLK

La elección de un Presidente del Consejo Nacional del PAN que sustituya a Germán Martínez Cázares, ha generado la rebelión de un grupo de elementos de ese partido constituidos en bloque, con el propósito anunciado de frenar el proceso.

Como es del conocimiento, Germán Martínez renunció al cargo a raíz del duro revés que sufrió Acción Nacional en las elecciones del cinco de julio pasado, con el doble propósito de tender puentes entre la Administración del Presidente Felipe Calderón con la Oposición priista y propiciar una reestructuración del PAN con miras a superar la derrota.

De acuerdo a los estatutos del blanquiazaul, la elección está prevista para el próximo ocho de agosto en el que los trescientos setenta consejeros nacionales electos por la base de militantes, se reunirán para designar por mayoría del sesenta y seis por ciento, a quien deba ser el próximo presidente del CEN del PAN.

Ya existe un candidato registrado, el hoy diputado federal electo César Nava, personaje cuya cercanía con el presidente Calderón ha servido de bandera al grupo inconforme para negarse a participar en la elección, la que califican como una simulación para imponer en el PAN a un dirigente nacional designado desde Los Pinos.

El grupo está integrado por personajes de raleas muy diversas como Manuel Espino Barrientos, Javier Corral Jurado, Ricardo García Cervantes y Santiago Creel Miranda, que tienen como denominador común el haber apoyado la precandidatura de este último cuando contendió en el proceso interno contra Felipe Calderón, con miras a la elección de dos mil seis.

Es sabido que este grupo es el responsable del fuego amigo en contra del hoy Presidente de la República durante la campaña presidencial, que llegó hasta el extremo de la deserción incomprensible en que incurrió Manuel Espino, en aquel entonces presidente del CEN del PAN, al ausentarse del país para irse de vacaciones dejando al garete la nave panista, en los turbulentos mares del conflicto post electoral planteado por López Obrador.

Para bien de la causa de entonces candidato Calderón, otros de sus compañeros de partido llenaron el hueco y tocó precisamente a César Nava, a la sazón secretario general del CEN del PAN, tomar el timón abandonado por Espino, para llevar la barca blanquiazul a puerto seguro.

A pesar de tales antecedentes, Espino Barrientos no vacila en presentarse hoy como el salvador de la causa panista llamando a sus compañeros de partido a un "proceso de reflexión", que no tendría otro resultado que postergar de manera indefinida la recomposición que a su interior y en torno a la gestión del presidente Calderón, requiere el PAN sin admitir demora. Lo que plantean Manuel Espino y asociados no es una reflexión, sino una burda extorsión.

Los señalamientos en virtud de los cuales este grupo faccioso acusa a Calderón de ejercer control sobre el PAN igual que como ocurría con el partido del Gobierno en la era priista, es una autodenigración injustificada, porque en el PRI de aquel tiempo no había espacio para la disidencia y en el caso, la disidencia de los panistas inconformes actuales, es la mejor prueba que ambas situaciones no son comparables.

En el caso no sólo sería lesivo para el PAN sino para la gobernabilidad del país en su conjunto, el que un grupo no sólo disidente sino radical y adverso, tomara el control del partido del presidente de la República.

Manuel Espino se dispara un tiro en el pie cuando acusa a los consejeros nacionales del PAN de ser títeres del presidente Calderón, porque tales consejeros fueron elegidos por la base panista en un proceso dirigido por el propio Espino Barrientos, cuando aún era presidente del CEN del PAN.

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