Al principio de los siglos, cuenta la historia que un joven que llevaba varios días caminando en medio de una gran estepa se encontraba sumamente desesperado, el agua que llevaba consigo se había terminado y durante muchas horas había padecido de una terrible sed. La estepa estaba seca y por ningún lugar se veía ninguna seña de alguna fuente de agua; desesperado imploraba a los dioses que si le daban algo de beber, él y su descendencia servirían a ese dios incondicionalmente. Por fin a lo lejos vio la figura de un hombre que caminaba hacia él. Llevaba la cabeza coronada con hiedra y una copa en la mano derecha; con voz melosa le dijo a aquel joven -"Yo soy Baco, hijo de Júpiter y te puedo mostrar dónde encontrar agua, pero antes debes de contestarme si en verdad prometes servirme por siempre tú y toda tu descendencia"- preguntó. -"¡Lo juro!- contestó aquel joven desesperado. -"Bien, para sellar nuestro pacto primero deberás de beber de la copa que traigo en la mano". Dicho aquello el joven se apresuró a tomar de la copa la bebida alcohólica que ésta contenía, aunque el sabor no le era del todo agradable en algo mitigó su sed. Hecho esto, siguió al dios hacia donde éste le señalaba, y Baco levantó una piedra de mediano tamaño y al instante brotó un manantial de agua pura, saciando el joven su inmensa sed. Entonces Baco le dio instrucciones: -"Deberás plantar cebada y uva las cuales pondrás a fermentar y del producto de ellas darás de beber a todos tus descendientes y harás fiestas en mi honor llamadas bacanales y solamente así estaré satisfecho. Si no lo hicieres tendrás la más espantosa de las muertes pues ordenaré a las alimañas que te devoren".
Después de salvar su vida, el joven llegó a una aldea donde conoció a una mujer y con ella tuvo una prolífica descendencia y cada hijo que tenían era destinado al servicio del dios Baco.
Los siglos han pasado y los descendientes de los descendientes de ese hombre se han multiplicado por toda la faz de la Tierra, día a día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año se continúa venerando al dios Baco que es el dios del vino. Muchos jóvenes y hasta algunos niños son iniciados en el alcoholismo; los fines de semana podemos también ver muchachas o jovencitas que se dirigen a los antros a tomar hasta las primeras horas de la madrugada con el pretexto de convivir, pero en realidad lo que buscan es sólo embriagarse, muchos matrimonios han sido destruidos por esta terrible adicción, mucha sangre y vidas se han perdido producto de accidentes o la violencia que genera el alcohol y lo más triste es que esto va en aumento principalmente entre nuestros jóvenes. Ya es muy común ver en cada esquina a todas esas víctimas de las cerveceras (perdón, del dios Baco) que casi con desesperación ingieren las botellas de esa amargosa bebida que es la cerveza.
¿Qué esperan nuestras autoridades para aplicar lo que desde muchos años existe en la ley del bando de policía y buen gobierno, que es la prohibición de beber en la vía pública?
Por el contrario en todos los espectáculos y desgraciadamente en los deportes se fomenta el alcoholismo a la vista de todos, y nuestras autoridades lejos de buscar el sano entretenimiento hacen convenios con grandes compañías para construir estadios de futbol donde lo que menos se promociona es el deporte sino la venta de las bebidas que han hecho multimillonarios a los dueños de esas empresas con el producto del trabajo, el esfuerzo, las desgracias y la sangre vertida por mucha gente. Pienso en un mundo utópico donde no se mezcle el alcohol con la diversión y la convivencia de las personas pues fuimos hechos para ser felices sin necesidad de ninguna adicción. Hace unos días fui a un espectáculo de rodeo y se acercó hacia mí un solícito vendedor quien me preguntó qué deseaba tomar, al contestarle que un refresco abrió desmesuradamente los ojos (como incrédulo de lo que yo le pedía) y me contestó que él sólo vendía cerveza. Créanme que yo me divertí tanto en el espectáculo con mi refresco en la mano, mientras a mi alrededor la gente hacía lo mismo pero con la cerveza en la mano y lo peor ¡delante de muchos niños! que estoy seguro (y ojalá me equivoque) seguirán el ejemplo de sus mayores.