Tiene su nacimiento. Vista de un nacimiento que interpreta la agresión al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, quien aparece al centro junto a las estatuillas de Joseph y María, que se exhibe en Nápoles.
El temor a una nueva agresión a Silvio Berlusconi similar a la que sufrió el pasado domingo en Milán llevó la cuestión de la seguridad del primer ministro italiano al centro del debate político del país, que, lejos de calmarse, volvió a registrar altas cotas de tensión.
En el segundo día que pasa el mandatario en el hospital San Raffaele de Milán, en el que ingresó tras ser golpeado con una réplica en miniatura del Duomo, la agresión acaparó el protagonismo de la actividad del Parlamento de ayer, donde se abordó la seguridad de Berlusconi.
Mientras el ministro italiano del Interior, Roberto Maroni, comparecía ante la Cámara de los Diputados para ofrecer información sobre lo sucedido, la Comisión Parlamentaria para la Seguridad de la República (Copasir) celebraba una reunión en Roma para analizar los datos de los servicios secretos del país.
Tras el encuentro, el presidente de la Copasir, Francesco Rutelli, indicó que, según los servicios secretos, existe el riesgo que una agresión similar pueda repetirse, dados los "muchos puntos de tensión" abiertos en Italia.
"La vigilancia y protección deberá ser muy alta porque el riesgo que un episodio tan grave pueda derivar en un aumento del peligro y en imitaciones de los hechos, es un riesgo que existe", dijo Rutelli.
El desafío que queda ahora por delante para las autoridades es aumentar la "prudencia" que solicitan los Servicios Secretos italianos en torno a la seguridad de Berlusconi, con la recomendación de abstenerse de cualquier actividad en 15 días.
Servicios Secretos cree que, al menos por ahora se deberá decir "no" a Berlusconi en algunas ocasiones ante su deseo de acercarse a la gente, pues eso le pone en peligro, no sólo como persona, sino también como jefe de una institución italiana.
IRÍA A CENTRO SIQUIÁTRICO
El considerado autor de la agresión, Massimo Tartaglia, prestó declaración ante la jueza Cristina di Censo, quien debe ahora decidir si hace firme el arresto de este hombre de 42 años en tratamiento psiquiátrico desde hace diez.
Los abogados del agresor pidieron el ingreso de Tartaglia en un centro psiquiátrico, una cuestión sobre la que la jueza deberá decidir en base al informe que el Policlínico de Milán le hizo llegar ayer con su historial médico mental.
NO ACTUÓ SOLO: TESTIGO
Tartaglia habría tenido un cómplice, declaró un testigo.
Andrea di Sorte, coordinador del Club de la Libertad y organizador del mitin que precedió a la agresión a Il Cavaliere, dijo a los medios que notó que un desconocido pasaba a Targalia un bloque de mármol poco antes que el primer ministro fuera golpeado.
Las declaraciones del testigo deben ser verificadas, dijeron fuentes judiciales.
Tartaglia ha negado tener algún cómplice. Al momento de ser detenido, el hombre portaba otros objetos, como un spray urticante y un crucifijo de resina, pero dijo que los llevaba para defenderse de posibles agresiones en el mitin.
Tartaglia es acusado de lesiones múltiples y el fiscal adjunto de Milán, Armando Spataro, pidió su custodia cautelar en cárcel.