Las elecciones para el Parlamento Europeo del pasado domingo presentaron algunas sorpresas: el abstencionismo se acercó al 60% del padrón en términos globales, y sólo en Italia (la corruptísima Italia de Berlusconi) votó mucho más de la mitad del padrón. La derecha arrolló a los socialistas en casi todos lados, incluso en aquellos países hoy dominados por la izquierda. Gordon Brown y su partido quedaron en un vergonzoso tercer lugar en la Gran Bretaña, lo que ha puesto en evidencia el desastre que se le viene encima a la hora de que haya comicios locales. Varios partidos de extrema derecha, algunos abiertamente racistas y xenófobos, hicieron avances significativos, lo que hizo prenderse focos de alarma en varias partes. Como ha solido ocurrir en sus treinta años de existencia, el Parlamento de la Unión, ubicado en Estrasburgo, va a tener una composición muy variadita, pero dominada por una de las fuerzas políticas tradicionales.
Como parte de la variedad hubo algunos partidos pequeñitos que, habiendo tenido una buena actuación a nivel local, lograron lugares en el Parlamento Europeo. Así, entre los diputados de la Gran Bretaña habrá uno que representa al nacionalismo galés. Creo que ni los habitantes de Gales sabían de su existencia, pero en fin.
Pero quizá el eurodiputado más singular es el representante del llamado Partido Pirata, que obtuvo un 7.1% de los votos en Suecia, por lo que tiene derecho a uno de los 18 asientos que le corresponden a ese país escandinavo.
Y no, no se trata de defender a quienes andan abordando barcos ajenos en las aguas de Somalia o que corren como Jack Sparrow; sino a aquellos que consideran que lo que hay en el ciberespacio es de todos.
El Partido Pirata surgió en el año 2006 a raíz de una controvertida Ley sueca que penaliza el compartir archivos e información a través de la Internet. Lo que alegan ellos es que no debería haber derechos de autor ni por qué pagar por lo que anda por ahí en forma de kilobytes. Como es de comprenderse, el Partido Pirata tuvo muy buena acogida entre la juventud sueca. Que, como en todos lados, está enajenada con sus computadoras, y quiere tener acceso a lo que haya a la mano (música, videos, juegos), y de gorra.
El Partido Pirata se hizo más popular aún en abril cuando los cuatro fundadores de un sitio llamado Pirate Bay, usado por millones para intercambiar archivos, fueron sentenciados a prisión. Sin embargo, la sentencia no se ha llevado a cabo porque los jueces del caso pertenecían a sociedades que defienden los derechos de autor como están en la actualidad. Y eso anuló sus decisiones.
No importó: los corsarios cibernéticos quedaron como héroes de la libertad en la www, y por ello uno de cada doce suecos votó por el Partido Pirata. Y ya tienen su diputado.
Que claro, entre otros 735 eurodiputados en Estrasburgo, quién sabe cuándo lo oigan. Pero al menos los suecos de parche, perico, garfio y pata de palo ya se dieron su gusto.