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VIDA Y SERVICIO

DR. GUILLERMO RODRÍGUEZ RIZADO

"GANAS DE VIVIR"

Yo la escuchaba atentamente mientras ella yacía en una cama de hospital, su rostro pálido estaba cubierto por una mascarilla que le proporcionaba oxígeno, se trataba de una mujer todavía joven que contaba con 40 años de edad.

No sin dificultad para hablar, nuestra plática se centró en la etapa de su niñez, relatándome que siendo ella muy pequeña perdió a su padre en un lamentable accidente de construcción, pues el hombre era de oficio albañil.

Su madre tuvo que hacerse cargo de ella y cuatro hermanos más, pues vivían en un pequeño poblado cercano a la ciudad de Saltillo, la situación económica era precaria, por lo que no le quedó más remedio a la mujer que mandarla a ella a vender gorditas en la estación de ferrocarril, a pesar de todo el riesgo y el peligro de sufrir algún accidente pues cruzaba entre los vagones y las vías del tren para poder vender su producto.

Le gustaba mucho la escuela, pero le era difícil acudir por tener que trabajar para poder ayudar a su mamá y con muchas dificultades terminó el tercer año de primaria.

Su madre desesperada por la situación aceptó vivir en unión libre con un hombre de edad mucho mayor a la suya, con la esperanza que pudiera hacerse cargo de ella y sus cuatro hijos.

Al principio el trato fue bueno, pero poco a poco fue mostrando su verdadera cara pues él era alcohólico y empezó a golpearla y a maltratar a los niños ante la menor falta o provocación.

Un día que andaba tomado y aprovechando que la mujer no estaba en casa, abusó sexualmente de la pobre criatura, amenazándola de muerte, y advirtiéndole que si le contaba a su mamá también ésta pagaría las consecuencias, por lo que aterrorizada prefirió no contarle nada a nadie.

Una mañana salió al corral para lavarse la cara en un tanque con agua que estaba a la intemperie cuya temperatura estaba a punto de hielo, dirigiéndose luego a la estación a vender sus gorditas, pero al llegar al andén las demás vendedoras empezaron a burlarse de ella, de momento la pobre niña no comprendía lo que pasaba, pero todas le hacían comentarios sobre su rostro, por lo que se dirigió a los sanitarios de la estación comprobando con miedo y angustia que su cara se había "enchuecado", pues le había dado una parálisis facial como consecuencia de haberse lavado el rostro con el agua fría provocando con esto que su autoestima aminorara notablemente.

El tiempo siguió su curso y ella fue creciendo hasta convertirse en una adolescente. Un día al llegar de la estación encontró a su madre tirada en el suelo de la cocina respirando dificultosamente, y gritando, pidió el auxilio de las vecinas quienes de inmediato llamaron a un doctor que ya no pudo hacer nada por la mujer quien había fallecido de una embolia.

Con todo el temor del mundo y pensando que ahora estaba más sola que nunca, decidió emigrar a nuestra ciudad en donde se empleó como sirvienta. Un buen día conoció a un jardinero de quien de inmediato se enamoró y él se la llevó a vivir con él, pero para su desgracia el hombre también resultó ser un alcohólico y además golpeador, pensando que no había más remedio se resignó a su suerte. Con el tiempo procreó una niña, a quien como pudo y desde luego con muchos sacrificios, le dio estudios y ésta logro recibirse de enfermera. Nunca perdió la ilusión de que tal vez algún día ella podría regresar a la escuela.

Tiempo después el hombre las abandonó logrando al fin tener algo de paz y sosiego en su vida y la de su hija. Un día empezó a sentir que le faltaba el aire, pero no le prestó mucha importancia al hecho, a los pocos meses apareció una tos que se volvió persistente y a pesar de remedios caseros amén de comprar jarabes, ésta no cedía por lo que decidió consultar a un médico quien luego de examinarle y practicarle algunos estudios la envió a un especialista, que le diagnosticó cáncer pulmonar muy avanzado. Ella no supo de su diagnóstico, pero su hija sí, (situación de la que yo estaba enterado pues me tocó elaborar su historia clínica), y prefirieron decirle que tenía bronquitis para no alarmarla. En ese tiempo yo me desempeñaba como médico de guardia y fue cuando me contó esta historia de su vida. Animada, pero ignorante de que padecía cáncer me dijo que ella "tenía ganas de vivir" y que tan pronto se aliviara se pondría a estudiar para lograr terminar sus estudios de primaria y si podía haría la secundaria pues con lo que su hija y ella ganaban esto podría ser posible. Con ternura tomé su mano y dándole un pequeño apretón le agradecí la confianza que me tuvo al contarme su historia, me despedí con una sonrisa, pero al volverme, no pude evitar que los ojos se me inundaran de lágrimas y apresurando el paso para que no me viera llorar me retiré de su habitación. Jamás la volví a ver.

Aprovechemos cada momento de nuestra vida pues nunca sabremos cuándo llegará a su fin, no permitamos que nada ni nadie empañe nuestra propia felicidad y mucho menos la de nuestros seres queridos, ninguna persona tiene derecho a hacer infelices a los demás, aléjate de las personas que te dañan pues es preferible tener limitaciones, a vivir encadenado a alguien que sólo te hace sufrir y con quien no te depara nada bueno en tu existencia. ¡Lucha por tu dignidad, atrévete a ser feliz!

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