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YAMIL DARWICH

En días pasados, empezó a circular en la Internet un mensaje subversivo, invitando a la ciudadanía a no votar o cancelar la boleta para manifestar el repudio a los malos gobernantes y partidos políticos.

El efecto de cascada se dio inmediatamente y muchos internautas empezaron a "rebotar" la citada propuesta antidemocrática, abriendo la discusión sobre el tema, que finalmente ha impregnado a los medios de comunicación.

Las respuestas fueron de lo más variadas, en general cuestionando la validez de la propuesta o, en su defecto, repudiándola; sin embargo, una pequeña parte de los participantes, que se ha llegado a calcular -periodista radiofónico- en uno de cada diez lectores, la han aceptado y pretenden apoyarla el día de las elecciones.

La loca idea prendió, conforme a la teoría psicológica de masas, por el descontento que existe entre todos los mexicanos por el mal gobierno; así, los ciudadanos que tienen pocas posibilidades de mostrar su inconformidad, pueden hacerlo a través del rechazo al voto, dando escape a la enorme frustración contenida, la que todos vivimos al sufrir los fracasos económicos, políticos y sociales de los gobernantes y su incapacidad -en los peores casos corrupción- que les dejan espacio para la inmoralidad, robando o coludiéndose con el hampa.

Me incluyo en uno de esos grupos de amigos que intercambian correos electrónicos; de ellos he leído propuestas y contrapropuestas sobre el tema y la postura general es rechazar la invitación a no votar o marcar la boleta electoral con la idea de anularla para que, estadísticamente, aparezca como alto porcentaje de repudio al sistema.

Fernando, uno de los participantes, educado en La Laguna hasta terminar su bachillerato, radicado en Mazatlán, lanzó la inquietud en la Red: "con cierta insistencia se está manejando en los medios el llamado 'voto blanco', forma de abstención sin abstenerse, una manera de protestar ante la evidente falta de → buenos gallos→ , por la corrupta partidocracia que nos aqueja y por el desprestigio del IFE, su evidente voracidad

Otro Fernando, médico odontólogo radicado en Torreón, le contesta al amigo dentista que está a favor de anular su voto: "mi amigo: un idealista, sensato, objetivo, pero al fin y al cabo... un idealista. ¿Crees de verdad que a los (

Otro de ellos, Luis Fernando, opina desde Saltillo: "El debate del voto en blanco, reduce la participación ciudadana a su dimensión elemental: ser electores, pero no ciudadanos en el sentido amplio de la palabra. Mi recomendación es que votemos y que al día siguiente empecemos a intentar ser ciudadanos de verdad, para que nos dejemos de quejar e iniciemos a imaginar el país que podemos construir más allá -y junto- a nuestros políticos". Otra postura sensata que se base en su educación y experiencia.

Tardamos muchos años en empezar a aplicar los conceptos de la democracia, entre ellos el toral: el derecho -obligación- de las mayorías para elegir formas de vida y a sus gobernantes, algo que no sólo nos ha costado a los mexicanos de esta generación, sino que la hemos alcanzado, por poca que sea, con la lucha de los anteriores, quienes soñaron con un mejor país.

Quienes promueven el llamado "voto blanco", olvidan que más allá de un derecho a votar, tienen la responsabilidad ciudadana de hacerlo, sin desatender las enseñanzas recibidas para perfilarnos en la educación para la democracia.

El avance en los procesos electorales es evidente, claro y fácilmente demostrable; sin duda que aún existen procedimientos ilícitos, tales como el mentado "carrusel" o el "ratón loco"; continúan operando los compradores del sufragio, ofreciendo materiales de construcción, cemento o varilla, quizá prometiendo mejoras en la colonia, desde alumbrado hasta pavimentación; pero, sin duda, esos sujetos van disminuyendo, precisamente con la participación ciudadana en preparar, observar y ejecutar el proceso electoral. Cada día es más difícil hacer trampa y eso es importante adelanto.

También considere la opinión de uno de los participantes en el diálogo: no sólo se trata de votar, sino de participar en la vida democrática, construyendo una mejor vida social de la colonia o ciudad, participando en las organizaciones y actividades que luchan por mejorarnos y, sobre todo: exigiendo, pero basados en la ley, a quienes han sido nuestros elegidos.

Lo invito a que reflexione en el tema y no se deje influenciar por anarquistas que no encuentran otro camino que el terrorismo electoral. ¿Acepta?

Ydarwich@ual.mx

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