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Vuelven a escuchar con 'oído biónico'

EL UNIVERSAL Oportunidad. Magnolia es una de las 15 empleadas con discapacidad que labora en una fábrica de papas fritas.

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Cerca de 800 personas en México han vuelto a escuchar gracias a los implantes cocleares

 MÉXICO, DF.- En México, aproximadamente 800 personas han vuelto a escuchar gracias a implantes cocleares, que son dispositivos destinados a estimular el oído interno.

Médicos mexicanos trabajan en el tema, y en las últimas dos décadas, han logrado colocar con éxito implantes cocleares. Es un oído biónico, una prótesis auditiva que sustituye las funciones del oído interno.

Expertos afirman que la hipoacusia o disminución en la audición es la discapacidad más invisible, pues los "sordos" se aíslan de la sociedad debido, entre otras razones, a que no pueden participar de la conversación en la mesa, no pueden asistir a un cine o teatro, no pueden en ocasiones ni siquiera ver la televisión, y cuando tratan de explicarse, no son comprendidos.

Así ocurrió con Pablo Schlosser, quien perdió la audición al cumplir dos años de edad debido a una fuerte infección por varicela.

No comprendía absolutamente nada que no le fuera expresado a uno o dos metros de distancia, y la comunicación con él debía ser necesariamente frontal.

Leía los labios -estuvo 10 años en terapias de lenguaje- y socializaba con dificultades. Utilizaba auxiliares auditivos; sin embargo, estos no le daban la posibilidad de hablar por teléfono o escuchar a una distancia mayor a dos metros.

Asistió desde temprana edad a una escuela Montessori que favorecía la atención personal por parte de sus profesores; pero el proyecto de Marguit, su mamá, era que Pablo se incorporara a la secundaria regular, que es donde estudia actualmente con una beca por sus altas calificaciones, y ahora tiene una óptima comunicación con sus padres y compañeros.

Tiene muchos amigos, ha participado en obras de teatro y recibe clases de batería.

Hoy, Pablo escucha prácticamente al 100%, lo cual fue posible porque recibió un implante coclear: una tecnología y procedimiento quirúrgico que a él en lo particular le ha permitido una mayor integración a nivel social, escuchar a una distancia que se acerca mucho a la normalidad y hablar por teléfono sin necesidad de que su mamá fuera su intérprete.

Al preguntarle en entrevista qué fue lo primero que escuchó al recibir el implante coclear, Pablo respondió:

"Escuché los pájaros que cantan en la mañana y los grillos de la noche. Nunca los había escuchado. También reconocí la voz de mi madre, me acuerdo que hablaba y hablaba como gallina, ¡cacareaba!, y luego, pude hablar por teléfono", comenta con humor este joven de 15 años que se expresa perfectamente y sin ninguna dificultad.

En su caso, el costo de la intervención fue de 300 mil pesos, aunque también hay que decir que la Asociación Mexicana para la Audición, AMAOír ayuda a personas de recursos limitados a adquirir los implantes, que son caros.

A través de esta asociación se han forjado acuerdos con hospitales de la Secretaría de Salud -específicamente del Hospital General "Dr. Manuel Gea González"- que ha donado más de 500 implantes cocleares a quienes no pueden pagar una clínica privada.

Una vez implantado, Pablo continuó por dos años más con rehabilitación y terapia auditivo-verbal en AMAOír, pues a decir del doctor Gonzalo Corvera Behar, especialista en otorrinolaringología, precursor del procedimiento quirúrgico de implante coclear en nuestro país y presidente de la Asociación Mexicana para la Audición AC, todo niño que ha recibido un implante coclear necesita asistir a terapia, pues el menor hipoacúsico o con disminución en la audición adquiere ciertamente la capacidad de oír con el implante coclear, pero esto no significa que adquiera automáticamente la capacidad de entender aquello que escucha, pues normalmente ha habido un retraso en el desarrollo de su lenguaje.

"La falta de audición no sólo dificulta la comprensión, sino también la expresión del lenguaje, ya que la voz de una persona con hipoacusia puede hacerse incomprensible".

En el caso de un niño con hipoacusia que ha recibido un implante coclear, es difícil que aprenda a hablar inmediatamente, porque hablar implica un proceso continuo de autocorrección que sólo puede llevarse a cabo si podemos escuchar lo que dijimos y compararlo con lo que quisimos decir", continúa el especialista.

Las causas más frecuentes de hipoacusia incluyen: daño causado por algún medicamento, infecciones como paperas, sarampión, la pérdida natural e inevitable causada por la edad, daño por golpes severos o por ruido excesivo, algunos tumores, enfermedades como diabetes, hereditarias y, finalmente, algunos padecimientos de causa desconocida como la enfermedad de Méniere.

Las hipoacusias no siempre son de grados tan severos, pero una pérdida relativamente menor puede causar retraso en la adquisición del lenguaje de un niño, o profundizar la depresión de un anciano.

 EL IMPLANTE

El implante coclear sustituye las funciones del oído externo, medio e interno; a través del mismo, el oído se ha convertido en el primer órgano sensorial que puede ser sustituido por una computadora. Es precisamente lo que se llama un oído "biónico", por la unión entre la biología y la electrónica, sin que ello quiera decir que sea mejor que un oído natural.

Consta de un micrófono que capta las ondas sonoras y las envía a una computadora o procesador que las analiza y envía a un electrodo implantado dentro de la cóclea, para estimular el nervio auditivo.

"En años recientes la evolución en los implantes ha sido extraordinaria. Hemos aprendido cuáles son los principales factores que nos permiten saber quién puede tener un buen resultado y quién no.

Logramos que nuestros pacientes obtengan suficiente audición como para poder entablar una conversación fluida en la mayoría de los casos, y que nuestros pacientes adultos puedan comunicarse por teléfono, algo extraordinario si consideramos que hace pocos años sólo aspirábamos a restablecer la posibilidad de detectar ruidos del medio ambiente", agrega Corvera Behar.

Para el especialista, es fundamental la detección temprana de la sordera en niños, pues hay un tiempo crítico para el desarrollo del lenguaje que comprende desde los 0 hasta los 3 ó 4 años. "La intervención temprana es fundamental para aumentar el desarrollo expresivo y receptivo del lenguaje en niños con hipoacusia de nacimiento.

"Hay que recordar que la evaluación auditiva debe ser inmediata, en caso de que una madre sienta que su hijo no escucha, o que presente cualquier retraso en el desarrollo del lenguaje".

En rigor, ya existen formas de saber si un niño oye desde que nace, e idealmente, todos los niños deberían ser evaluados al nacer, aunque no hubiera ninguna razón para pensar que haya un problema, porque hasta cinco de cada mil niños que nacen sanos pueden tener hipoacusia.

 DIFERENCIAS

Los auxiliares auditivos son amplificadores muy sofisticados, captan el sonido del medio ambiente, lo amplifican y lo envían a la membrana timpánica. Tienen una serie de circuitos y procesos para no amplificar los sonidos muy intensos, y para amplificar unas frecuencias más que otras (ya que las pérdidas auditivas no afectan por igual todas las áreas de la cóclea); sin embargo, cuando el daño coclear es severo o profundo, los auxiliares auditivos no son suficientes para permitir la compresión del lenguaje hablado; y es en estos casos cuando se recomiendan los implantes cocleares", concluye Corvera Behar, también conferencista internacional en temas relacionados con el implante coclear.

Los implantes coclares

Son prótesis auditivas

Que sustituyen las

Funciones

Del oído interno

 

Especialista en

Brinca la barrera del lenguaje

Las manos de Lourdes Magnolia, o Magnolia, vuelan frente a su cuerpo, por sobre su cara. Es Marilú Bello la que me traduce lo que dice de su vida diaria, del trabajo que realiza todos los días en una fábrica de papas fritas, del reto que fue -sobre todo en los primeros años de vida- tener dos hijos normoyentes siendo ella una persona sorda, de la dolorosa separación de su esposo y de la relación, en general, con la familia y con la sociedad.

Vive en el Estado de México. Esta mujer de 41 años se levanta todos los días a las cuatro de la mañana, a las cinco ya está lista para tomar el transporte que la lleva a la planta en la Industrial Vallejo, en el DF, donde trabaja junto a más de mil personas, 15 de ellas sordas. Se cambia, se pone su uniforme que tiene un discreto distintivo en el brazo en color naranja con el símbolo para personas sordas, su cofia, tapabocas y está lista frente a la línea de producción a las 6 de la mañana. Su trabajo consiste en inspeccionar las papas.

Se lleva más con sus compañeros sordos porque todos hablan con Lengua de Señas Mexicana (LSM). Aunque la compañía ofrece cursos para todos los demás empleados que quieran aprender lenguaje signado, acepta que casi sólo se comunica con sus compañeros con los que comparte la discapacidad. A los normoyentes, dice, a veces nos acercamos poco porque nos da miedo y sentimos que no nos van a entender, explica; ella acepta que la falta de paciencia es mutua.

Sin embargo, ella sugiere que se intente un poco más de interacción. Quizá a través de mensajes escritos breves, la forma en que se comunica con su familia, por ejemplo, a través de mensajes SMS. Eso sí, que los respeten con su lenguaje.

Fuera de salir con sus hijos, algunas veces con amigos sordos y al trabajo, Magnolia sale poco de su casa. Dice que a veces se aburre de quedarse ahí. La televisión es poco accesible para ella porque no tiene descripciones y entonces a veces ve videos de su hijo, caricaturas o programas de chistes que son lo suficientemente descriptivos para que sean entendidos sin audio.

¿Cuando quiere platicar algo personal con alguien, qué hace? "Pues la verdad es que no lo platico con nadie, me lo quedo. En mi corazón hay amargura, una gran soledad. Creo que son ambas cosas: que no me gusta platicar mis cosas y la barrera del lenguaje, ambas".

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