Para Ricardo,
Con todo mi afecto.
Como en los largos viajes, como en el camino a Ítaca, lo importante no es el punto de llegada, sino todo lo que uno se encuentra en el camino.
Así ha sido ésta tu larga travesía, querido hermano.
No tuve conciencia de ello, porque acaso tendría seis años, cuando emprendiste tu viaje a México para estudiar en la capital.
Tal vez fue el simple comentario de mis padres el que me hizo recapacitar y darme cuenta que te habías ido lejos.
Pero en las vacaciones nos veíamos de nuevo, siempre con mucha alegría.
Luego te fuiste a Monterrey y allá permaneciste por más de dos décadas. Formaste una familia y echaste raíces profundas.
Pero la vida nos reunió y acercó mucho, cuando tú te cambiaste a vivir a Saltillo y yo trabajaba en esa querida ciudad.
Fue hasta entonces que comencé a conocerte de verdad. Antes no sabía cuál era tu lectura preferida, ni tu color favorito, ni qué vino tinto preferías tomar.
Ahí nos hicimos amigos. Por que a los hermanos nos los da la vida y los amigos uno los escoge.
En todo ese trayecto estuviste siempre trabajando para una sola firma: John Deere; esa misma compañía te llevó a Saltillo y luego te trajo de nuevo aquí, después de haber recorrido un largo periplo.
Cuarenta y dos años de labor ininterrumpida en esas fábricas, por lo que no hay duda de que trajeras bien puesta la camiseta del venado.
Hoy me entero, con satisfacción que el Municipio de Torreón te otorga la medalla al "Ciudadano Distinguido", por tu trabajo e impulso a la industria en nuestra ciudad.
Sé que ese mérito es el resultado no sólo de tu trabajo, sino que con él se honra también a hombres como Don Henderson y José Antonio Murra, que con su esfuerzo apoyaron tu trabajo para que esa gran industria se instalara en Torreón.
Y dicho sea lo anterior, sin menoscabo de todos tus compañeros que también aportaron su trabajo para que ese proyecto fuera una realidad.
No puedo ocultar mi orgullo por ese merecido reconocimiento. Aún más, a partir de ahora me doy por muy bien servido con que tú lo hayas recibido, porque en tu persona lo recibimos todos los que te queremos y reconocemos tu talento y esfuerzo.
Fueron muchas las jornadas y el cansancio; muchas las noches de insomnio y hasta los corajes cuando te enfrentabas a la cerrazón o la incomprensión. Pero todo trabajo honesto tiene su recompensa y tú puedes disfrutar ahora de ella.
No puedo dejar de decirte que, estoy seguro, nuestros padres se sentirían muy orgullosos si hubieran vivido para verte recibir esta distinción. Pero sé que donde quiera que estén se sentirán satisfechos por los resultados de la educación que te dieron y los frutos que de ella obtuviste.
Tú sabes, como yo, que ellos fueron y siguen siendo un ejemplo de vida para nosotros. Que no hay día que no recordemos sus enseñanzas y honremos su memoria.
A ti, junto a Irma, les tocó criar en su momento, también a hombres de bien y contentos se deben sentir, porque por sus frutos igualmente serán reconocidos.
Yo me siento orgulloso de ti y de tu trayectoria, recta y honesta; y aunque nos movemos en mundos muy distintos, siempre serás para mí un ejemplo a seguir durante toda mi vida.
¡Qué oportunidad es ésta para poderte decir lo mucho que te quiero y respeto; la admiración que te tengo y lo contento que he sido de que seas mi hermano!
Disfruta hoy y todos los días de tu vida, esta medalla que te otorgó el Ayuntamiento y que Dios nos mantenga unidos por muchos años más.
Por lo demás, hoy como siempre: "Hasta que nos volvamos a encontrar que Dios te guarde en la palma de Su mano".