A Roxana y a su hermosa familia: A la memoria de su padre, nuestro amigo.
Cuando conocí a Jesús Alfonso Arreola Pérez ambos éramos muchachos: él cinco años más joven, alto, erguido y con cierta prisa por vivir, como suele suceder a toda la juventud. Estudiaba en la Benemérita Escuela Normal de Coahuila, lo que vale decir que ejercía el rígido sentido de responsabilidad de esa institución. Vestía conforme a los cánones de la escuela, pero igual usaba ropa sport, lo natural en los jóvenes que practicaban, como Chuy, todos los deportes. Su señora madre, doña María L. Pérez de Arreola, pertenecía al recién integrado "Círculo Literario María Enriqueta" era inspirada poeta, escribía muy buena prosa y enseñaba lengua y literatura en la secundaria y en la escuela Normal del Estado, lo cual probaba un vejo dicho: "de sangre le viene al galgo". Posteriormente se fundó la Revista mensual Provincia, dirigida y editada por el grupo cultural élite de los profesores Federico Berrueto Ramón, Ildefonso Villarello, Óscar Flores Tapia y otros más que solíamos reunirnos cada sábado en la casa saltillense o en la huerta de don Federico en el cañón de Los Lirios. Con ellos íbamos Chuy Arreola, Arturo Berrueto y este columnista, los tres aprendices apenas en el arte de las malicias y del gay decir.
Cuando Flores Tapia llegó a gobernador y por inspiración de don Federico se fundó el Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas. Chuy formó parte del grupo fundador de historiadores; había probado merecer la venera institucional, tanto que a la muerte del profesor Berrueto resultó elegido presidente del Colegio. De los merecimientos de Arreola y de su excelente conducción hablan los más de cien números de la Revista de Historia y la constante participación del organismo en las conmemoraciones capitulares de nuestro pasado.
Siempre admiré la dinámica personal de Jesús Arreola Pérez en pro de la cultura, la historia y la política. No recuerdo en qué fecha empezó su peregrinar por los municipios coahuilenses, pero estoy seguro de que Chuy jamás faltó a su cita con las damas que formaban su audiencia. Tronara o lloviera, Jesús Alfonso asistía al compromiso con las damas. Igual ignoro cuántos Talleres más logró establecer y atender nuestro inolvidable amigo, pero apuesto a que el Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas habrá de continuar esta obra.
Previo acuerdo con el profesor Arreola, hace tres semanas nos reunimos con un medio centenar de personas interesadas en la historia. El sitio fue la antigua capital de Coahuila y Tejas, hoy industriosa Monclova, y el motivo asistir a un coloquio sobre el movimiento de independencia de México, a propósito de su segundo centenario. A Chuy lo acompañó su amada esposa Roxana, como acostumbraba hacer en los extensos periplos de enseñanza y divulgación de la historia.
Consciente de lo fatigoso de estos recorridos por carretera, impropiamente comenté a Roxana y a Chuy que él parecía cansado. Un aserto que Roxana pareció aprobar en silencio, pero el cual Chuy, genio y figura, rechazó, como cada vez que le expresaba mi preocupación. Ciertamente él era un hombre incansable. Parecía poseer un organismo de alta resistencia. Para cerrar este tema, Jesús cambió la dirección de nuestra charla. Él y Roxana venían del septentrión coahuilense: Piedras Negras y Ciudad Acuña, donde habían cumplido compromisos con sus talleres de historia. Roxana se retiró un momento antes de nuestra mesa, lo que aproveché para remachar a Jesús Alfonso mi argumento. "¡Carajo! le dije: no eres agente viajero". Sonrió pues en cierto modo lo era, sólo que él no vendía, sino obsequiaba generosamente sus amplios conocimientos sobre la historia de Coahuila, la de Saltillo, la de México y todo lo referente a nuestra compleja actualidad nacional Evangelista de su vocación cívica y patriótica, Jesús transitó desde muy joven la geografía de Coahuila y de México en este mismo peregrinar: durante el gobierno del ingeniero Eulalio Gutiérrez recibió el encargo de organizar y fundar las instituciones de educación media agrícolas y técnicas en nuestra entidad; su trabajo motivó que después fuera invitado por el licenciado Jesús Reyes Heroles, entonces titular de la Secretaría de Educación Pública, para asumir la secretaría técnica del Consejo Nacional de Educación Normal, que lo obligó a que Arreola viajara por todo el territorio nacional examinando y resolviendo los conflictos estudiantiles o magisteriales por aquellos años tan en uso y abuso...
El trato cotidiano con el maestro Reyes Heroles le sirvió para afinar su juicio crítico sobre el quehacer educativo, y en este desempeño colaboró a resolver innumerables y álgidos diferendos, como el establecimiento de la obligatoriedad del bachillerato como requisito previo al ingreso a la carrera de pedagogía; a regular el número de instituciones normalistas y a determinar la capacidad de matrícula en cada una. Así recorrió toda la República, conoció profundamente cada entidad federativa y cada grupo pugnaz, por lo que fue reconocido y admirado a la vez por los principales pedagogos del país.
Jesús Alfonso fue en dos ocasiones Secretario de Educación Pública en Coahuila: la primera con el gobernador Óscar Flores Tapia y la segunda con Eliseo Mendoza Berrueto En ambas ocasiones, pese a su juventud, Arreola fue reconocido por su hábil dirección de las tareas educativas y las magníficas relaciones laborales que condujo con el SNTE, que nunca ha sido una perita en dulce.
La muerte de Jesús Alfonso Arreola Pérez nos conduce a reflexionar sobre esa interrupción definitiva de la vida que es la muerte. La muerte nos afecta a todos y por ello la reconocemos como una fatalidad cierta e inevitable. Nacer y morir son dos primarias certidumbres en el ser humano, la última reconocida como un hecho inevitable e ineludible. Es muy cierta la reflexión de Sócrates: "Mientras que uno esté aquí, la muerte aún no llega y cuando ella sobreviene uno ya no está aquí".
Por lo tanto, los humanos nada podemos pensar en concreto sobre la muerte: lo único que nos queda es vivir plenamente, actuar al máximo sobre la vida y el trabajo personal, lo que hizo nuestro amigo Jesús Alfonso: no hay más que una historia problemática, y respecto a la muerte un nada inconcebible.