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Berrinche asfixiante

¿Su hijo hace berrinche y retiene la respiración?

Berrinche asfixiante

Berrinche asfixiante

Diana González

La Asociación Mexicana de Pediatría establece que los casos de retención voluntaria de la respiración comienzan entre los 6 meses y los 2 años de edad y que normalmente desaparecen a los 4 ó 5 años de edad. No es peligroso y no causa daño cerebral siempre que el niño no dure más de un minuto desmayado.

Un niño puede “aguantar” la respiración si se lastima, se siente frustrado, enojado o asustado.

Durante el ataque, su hijo debe permanecer acostado ya que esta posición incrementa la circulación de sangre al cerebro lo cual puede prevenir en parte las convulsiones musculares. Coloque un paño humedecido en agua fría sobre la frente de su hijo hasta que comience a respirar nuevamente.

No obstante la Asociación Mexicana de Pediatría establece que se debe llevar a su hijo a consulta si sufre más de un ataque a la semana o si usted tiene alguna otra pregunta o preocupación. Si el niño deja de respirar por más de un minuto también debe llamar a una ambulancia.

El reconocido pediatra Barton D. Schmitt, en su libro Your Child’s Health, describe estos episodios y asegura que probablemente el niño estará inconsciente durante 30 a 60 segundos como máximo. “Quizás esté un poco asustado, confuso y llore un poco más, y es posible que ni siquiera recuerde por qué había empezado a patalear”.

Schmitt asegura que algunos padres están tan alarmados después de una pataleta así, que por miedo o sentimiento de culpa ceden a las peticiones de su hijo, lo que considera que no es buena idea “ya que si le das lo que quería y le habías negado al principio, estás animándolo a que repita este tipo de pataleta para conseguir lo que quiere”.

Por otra parte la Academia Americana de Pediatría promueve las siguientes sugerencias como efectivas cuando su niño tenga un berrinche: ≠Distráigalo dirigiendo su atención a otra cosa, tal como una actividad, libro o juguete diferente. A veces tan sólo tocarlo o acariciarlo calmará. Podría ser posible que tenga que limitar o sujetar a su niño. Interrumpa su conducta con un comentario como “¿ya viste lo que el gato está haciendo?”. Las bromas o algo tan simple como hacer una cara graciosa también podrían ser de ayuda.

Trate de mantener la calma. Si grita o se enoja, es posible que empeore las cosas. Recuerde, mientras más atención le dé a su conducta, es más probable que suceda de nuevo.

Normalmente se pueden ignorar las demostraciones de enojo menores, tales como llorar, gritar o patear pero establezca límites.

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