Se entiende que muchos mexicanos se encuentren decepcionados de la política en un escenario en el que la transición a la democracia plena, que alcanzó su momento culminante en la alternancia ocurrida en el año dos mil, amenaza naufragar bajo una tormenta de inseguridad.
No es extraño que en consecuencia, estén circulando tanto en los medios formales de comunicación como en las redes sociales del espacio cibernético, mensajes de escepticismo y desencanto que lejos de ofrecer soluciones razonables, apuesten a un salto al vacío.
Me refiero en particular a un trabajo de Ricardo Valenzuela, economista y académico que se ostenta como liberal clásico, y que en un artículo reciente analiza a diversos protagonistas de nuestra vida pública, tanto políticos de carne y hueso como partidos políticos. El análisis es ingenioso en su presentación y acertado en sus reflexiones, hasta llegar a la antesala de la conclusión final en el que el autor se desbarranca en el abismo de la ocurrencia y pierde el contacto con la realidad.
La cita no envuelve el deseo de una confrontación personal, porque el tema del Candidato Independiente, es un tópico recurrente que se repite en voces múltiples que expresan el hartazgo y el desencanto. Desde luego que existen razones para denostar el desempeño de nuestros políticos de todos los colores, en virtud de la falta de consistencia del PAN como partido en el poder, por la falta de madurez del PRD como opción de izquierda y en el caso del PRI, por su exitosa persistencia en mantener la red de complicidades nocivas en las que fincó su larga permanencia en el poder, que hoy busca recuperar.
Lo malo es que al denuesto parejo e indiscriminado de todas las opciones partidistas, se suma el repudio a las alianzas entre partidos, lo que no deja otro camino que el de las ilusiones irrealizables, como la que apunta a que se elija como próximo presidente de la República a Jorge Castañeda, de quien no se señala otro mérito, que no sea el de promover las candidaturas independientes.
Jorge Castañeda es un intelectual que en su momento participó de manera muy positiva como factor de impulso a la alternancia, sin embargo, no se le puede considerar ni con mucho como ciudadano ajeno al funcionamiento de los partidos. De hecho se formó al amparo del sistema priista, militó en el PRD en sus inicios, y se incorporó al Gabinete del presidente Vicente Fox como secretario de Relaciones Exteriores. El desempeño de su trayectoria, no alcanza a definirlo como ave de blanco plumaje, que cruza el pantano y no se mancha.
Aunado a lo anterior, nuestro sistema constitucional no prevé la figura del "Candidato Independiente" y la dificultad de su instrumentación de cara a las elecciones de dos mil doce, hace que este aliento recurrente que insiste en el tema, distraiga de la realidad a un buen número de ciudadanos críticos y reflexivos en aras de una quimera, lo que fomenta la inercia y por tanto, allana el camino al PRI y a la regeneración del viejo régimen que como tal ya dio de sí.
Lo cierto es que si el PAN no ha satisfecho como gobierno, ni el PRI se ha renovado, ni el PRD se ha consolidado como opción de izquierda, todo ello se debe en gran parte a la falta de participación cívica de las minorías selectas y ciudadanos comunes de este país, que insisten en permanecer al margen de la política sin comprometerse al respecto.
Las opciones para el México que saldrá de las elecciones de dos mil doce ya están determinadas y sólo falta que la participación ciudadana mantenga el timón hacia del cambio y la pluralidad para llegar algún día al buen puerto de la democracia plena. La otra posibilidad es que sigamos haciendo el feo a la política de carne y hueso, y nos refugiemos en alternativas inviables como la del Candidato Independiente.