Parque. El 3 de abril de 2008 se registró un incendio en el Parque Nacional La Malinche en el estado de Tlaxcala.
MÉXICO, DF.- Desde el aire, el Parque Nacional La Malinche, ubicado en los límites entre los estados de Puebla y Tlaxcala, se observa cercado por parcelas que avanzan cada vez más a costa del bosque.
En los terrenos que circundan al área natural protegida ya no hay prácticamente árboles. Apenas se aprecian algunas áreas verdes que se defienden de la mancha agrícola, concentradas en pequeñas barrancas.
En un sobrevuelo realizado por la zona se apreciaron también algunos rastros de la tala clandestina en el interior del parque: manchones con restos de de troncos y aserrín hasta los que llegan senderos clandestinos que dividen la cubierta de pino, encino y oyamel.
Con 45 mil hectáreas de superficie protegida, el parque es cada vez menos verde. Según estimaciones del Instituto Nacional de Ecología (INE) su cubierta forestal se redujo de 30 mil hectáreas en 1986 a 15 mil en 2005.
La presión sobre el bosque es más evidente del lado de Puebla.
El parque se encuentra a sólo 35 kilómetros del área metropolitana de la capital del estado, que suma ya alrededor de 2 millones de habitantes.
De acuerdo con un diagnóstico del Gobierno de la entidad, la región de Angelópolis -en la que se encuentran el área metropolitana y la porción del parque que corresponde a Puebla- cuenta con 35 mil hectáreas de superficie forestal degradada y apenas 13 mil en condiciones de buena conservación. Los asentamientos humanos ocupan ya 22 mil hectáreas.
La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Puebla ha estimado que actualmente seis de de cada 10 hectáreas de la porción estatal del Parque Nacional La Malinche se destinan a la producción agrícola.
La mayor parte de las parcelas se dedican a la agricultura de subsistencia y sus propietarios en muchos recurren a la elaboración de carbón a partir de los árboles derribados para complementar sus ingresos.
En particular, sostienen especialistas,el cultivo de la papa ha provocado una acelerada erosión del suelo, que a su vez hace inviable una estrategia de reforestación.