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DE LA VIDA MISMA

MIS ESCUELAS

MIGUEL ÁNGEL RUELAS TALAMANTES

Por donde fui pasando.

Dejaron recuerdos imborrables en mi vida, cada una, con historias diferentes y hermosas.

La primera fue la de Lupe Villa, en mi Barrio Prieto, donde tuve al lado de mis padres y mis hermanas, la mejor época de mi vida, porque estábamos juntos, medio pobretones, pero contentos.

Ahí derramé mis primeras lágrimas cuando mamá me dejó entre desconocidos que después fueron mis amigos y de los que ya no quería separarme.

La segunda fue con la señorita Luisa, escalones arriba, en un salón que comunicaba al cielo a donde me asomaba para ver si miraba a Dios.

El tercero fue el María Regina, colegio, de religiosas donde estuve muy poco tiempo pues me regresé pronto con la señorita Luisa que se parecía mucho a mamá y me sentía protegido y feliz con ella. Una gran maestra en cuya memoria una escuela de mi pueblo lleva su nombre merecidamente.

La cuarta fue la Ramón López Velarde, donde el señor de los regaños y la vara para corregir errores era el profe Lolito y donde un día llegó el maestro Salvador Botello que me enseñó a utilizar una herramienta que ya poseía y a la que sólo le faltaba pulirla: la imaginación.

La quinta, y no hay quinta mala, fue la Escuela del Centenario, ya viviendo en Torreón, donde pude al fin terminar la instrucción primaria bajo la dirección y el cariño de la maestra Lolita Hernández, para quien fui como un hijo, aunque muchos digan lo mismo hoy.

La sexta, disfrutando de una beca fue la Escuela Bancaria y Mercantil del profesor Adalberto Ruiz Ríos, un genio de la enseñanza y las matemáticas, al que le gustaba le dictáramos una cantidad multiplicada por otra, y sin calculadora ni papel ni lápiz, utilizando sólo su mente y sus ojos cerrados, daba en poco tiempo la respuesta, para asombro de todos. Nunca conocimos a nadie con esa gran capacidad mental.

El séptimo, y permítaseme irme del femenino al masculino fue el Instituto Latino Americano.

Donde nuevamente becado, ahora por su directora Juanita Rawls pudimos introducirnos en el idioma de Shakespeare, que tanto nos ha ayudado en la vida.

El octavo fue el Colegio Mexicano del profesor Óscar Valdés Vela, nuevamente becados donde cursamos Secundaria y Preparatoria, recibiendo ahí bases firmes para entrar con banderas desplegadas a la Universidad Autónoma de Coahuila, nuestra novena escuela, donde cursamos la carrera de Licenciados en Derecho, culminación de un viejo sueño de mi madre, esposa e hijos.

Pero quizá las mejores enseñanzas las obtuve en la gran escuela que es EL SIGLO DE TORREÓN, a donde llegué niño y donde he visto pasar casi toda mi vida, entre novedades diarias, cambios frecuentes, y la transformación que nunca termina de una generación, otra y otra más, hasta que el Señor lo permita.

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