EDITORIAL Columnas Editorial Caricatura editorial

EL COMENTARIO DE HOY

FRANCISCO AMPARÁN

Los festejos del bicentenario del inicio de la Guerra de Independencia, y el primer siglo del arranque de la llamada Revolución Mexicana, se presentan más deslucidos que velorio en lunes. Ello tiene que ver con que el Gobierno Federal nunca la ha dado mucha importancia al asunto; y a que, desde tiempos de Fox, ha habido cuatro o cinco (ya perdimos la cuenta) personas encargadas de encabezar la organización. Al parecer, las celebraciones son una especie de papa caliente que nadie quiere tener en las manos.

Quizá ello explique por qué una fecha tan importantecomo la presente apenas tendrá un recordatorio de pasadita. Y es que tradicionalmente no se le da mucha relevancia al documento con el que Nueva España alcanzó suindependencia: el Plan de Iguala, promulgado en un día como hoy, pero de 1821. La ruptura definitiva de los nexos con la Corona española tiene como origen el texto firmado por representantes de Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero. En él se trata de reconciliar a los distintos bandos, y se ponen de acuerdo para garantizarle tres cosas al nuevo país: que no habría otra religión que la católica; que éste sería un nuevo Estado independiente de cualquier otro, cuya corona se le ofrecería a Fernando VII; y que habría unión entre todas las castas y grupos que lo conformaban. Ésas eran las famosas tres garantías. A qué horas caducaron, no sé. El caso es que resulta evidente que las cosas no salieron como creían los que ese día optimistamente declararon la independencia en Iguala. Tradicionalmente en esta fecha se celebra el Día de la Bandera. Ello porque, para darle un emblema al nuevo Ejército que se formaría para hacer cumplir las mentadas garantías, Iturbide le mandó elaborar un lábaro a un sastre conocido suyo. Como eran tres las garantías, el pabellón resultó tricolor, aunque en esa primera versión con campos en diagonal y con una distribución de colores sencillamente espantosa. De ahí p’al real, la bandera nacional será una variante de esa primera. A lo largo de los meses siguientes, un grupo tras otro se fue adhiriendo al Plan de Iguala, lo que explica por qué la independencia se consiguió sin mayores efusiones de sangre: no hubo una batalla decisiva para lograrla, como sí ocurrió en Sudamérica en Carabobo, Boyacá y Junín.

El 27 de septiembre de 1821, Iturbide hizo desfilar el Ejército Trigarante por la Ciudad de México, y en esa fecha se considera finalizado el largo conflicto: once años y once días después del Grito de Dolores. La independencia no resultó la panacea que creían aquellos primeros próceres. Las discordias y resentimientos emponzoñaron muy rápido el ambiente político. La ambición de Iturbide y la mezquindad de los envidiosos de siempre torcieron muchas cosas. Al rato el país era un relajo sin organización ni control. Algo muy diferente a las promesas que se columbraron en Iguala, hace 189 años.

Leer más de EDITORIAL

Escrito en:

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 503244

elsiglo.mx