Los acontecimientos de los últimos diez días en la capital de Nuevo León y sus alrededores, permiten hacernos una idea de los niveles de descomposición a que han llegado los organismos políticos mexicanos. Y de por qué la guerra contra el crimen organizado está siendo perdida: no hay generales, capitanes ni sargentos; no existe logística, comunicaciones ni Inteligencia: pura infantería, que a falta de liderazgo le dispara a lo que sea, a quien sea.
Los desvaríos, disparates y tragicomedias emanadas de Monterrey en sólo diez días podrían formar una antología de la degeneración de la función pública en este país. Nada más algunos botones de muestra, en esa mercería de la ineptitud, la corrupción y la simple estupidez:
El presidente municipal de San Pedro Garza García, el municipio más rico de Latinoamérica, se preciaba de tener a su mando una organización paramilitar de tipos duros, que por fuera de la ley iban a mantener la paz en esos rumbos. La Marina detuvo a uno de ellos, apodado El Chico Malo, quien resultó ser agente doble o triple, dado que además trabajaba para un cártel. Eso de andarse asociando con personajes de dudosos antecedentes nunca puede salir bien: el que con niños se acuesta, siempre amanece orinado.
Otro caso: en un enfrentamiento entre sicarios y el Ejército, resultan muertos dos estudiantes de excelencia del Tec de Monterrey, aparentemente en el interior del campus. Primero se informó que los muchachos eran sicarios. Luego hubo un desmentido, pero las autoridades no se ponen de acuerdo sobre quién hizo la primera identificación infamante. Tampoco queda claro exactamente qué ocurrió; al parecer los jóvenes fueron capturados y golpeados antes de morir. ¿Por quién? ¿Por qué no tenían identificación? ¿O sí la tenían y se quiso evitar tener que admitir que las fuerzas del orden se habían equivocado?
Otro caso más: en treinta lugares e instancias diferentes, los criminales secuestraron automóviles y tráileres particulares, para atravesarlos en importantes vialidades de Monterrey, algunas en plena zona Centro. Ello, para dificultar los movimientos del Ejército, y disminuir su tiempo y capacidad de respuesta. ¡Treinta! Y ni un solo delincuente fue capturado.
Y sigue la mata dando: la respuesta del gobernador del estado a los airados reclamos de la sociedad fue ¡convocar a una marcha para protestar por la violencia! Lo cual, de no resultar patético, sería una muestra tamaño caguama de cara dura y desfachatez. El trabajo del gobernador es darle seguridad a la ciudadanía, no organizar marchas. Y a todo esto, ¿contra quién van a protestar? ¿O la marcha estará dirigida "a quien corresponda"?
No es de extrañarse que pronto surgieron mantas dirigidas al gobernador: "no convoques a marchas; mejor márchate". A buen entendedor, pocas palabras.