El Partido Nacional Revolucionario, padre del Partido de la Revolución Mexicana y abuelo del Partido Revolucionario Institucional, nació el 4 de marzo de 1929. Su primer presidente fue el general coahuilense Manuel Pérez Treviño.
El PNR fue prohijado por el entonces presidente de la República, Plutarco Elías Calles, quien había propuesto en su cuarto informe de gobierno que México debía acceder a un 'régimen democrático de partidos nacionales orgánicos que formara conciencia electoral para "pasar de un sistema más o menos velado" de gobierno de caudillos a un franco régimen de instituciones". El argumento expresaba entre líneas la idea de acabar con el divisionismo revolucionario.
Sería prolijo describir aquí las dificultades, problemas, enredos, malentendidos y aún revueltas armadas que se presentaron antes de tener un primer esquema para el Partido Nacional Revolucionario. Quienes aspiraban a presidenciables iniciaron reuniones ultrasecretas, aunque ya habían integrado la comisión organizadora del nuevo organismo político presidida por Plutarco Elías Calles con la plana mayor de sus seguidores. La primera tarea fue expedir la convocatoria a una convención constituyente en la que se discutirían estatutos, programa de acción e ideario del nuevo partido y se estudiarían los viables candidatos a la Presidencia de la República. Poco duraron don Plutarco Elías Calles y Aarón Sáenz en esta comisión: Don Plutarco manifestó la incompatibilidad de su posición política con la dirección de una comisión con la cual, tarde o temprano, habría de confrontar inevitables roces. Sáenz, por su lado, aclaró que se iba para preparar su campaña como candidato presidencial, lo cual, por cierto, no logró.
Finalmente Manuel Pérez Treviño aceptó capotear aquel toro bravo: la convención formal debería celebrarse el 5 de febrero de 1929, dando 5 días de plazo a los partidos y organizaciones revolucionarias para afiliarse al comité. Ya estaba listo el proyecto de declaración de principios que se discutiría. Los comprometidos lucharían por la libertad del sufragio y el triunfo de las mayorías en los comicios.
"¡Queremos elecciones libres!" fue entonces la consigna colectiva y a esta demanda política correspondieron los acuerdos del recién nacido PNR. Luego en el partido bebé de los años cuarenta y cincuenta se ratificó el mismo deseo colectivo. Y en los setenta y subsiguientes decenios hemos tratado de cuajar en hechos la misma aspiración. Ahora estamos a ochenta años del nacimiento del PNR. Las recientes doce elecciones estatales celebradas el pasado domingo 4 de julio de 2010 no parecen conformar lo que antes habían obtenido y otros por no repetir los triunfos antaño obtenidos.
Lo importante es que, ahora, todo debe ser debatido y resuelto en paz, aunque ésta no sea tan santa como la quisieran unos, ni tan diabla como la esperaban otros. En nuestra democracia hay logros, por lo menos, aunque unos sean lentos y otros parezcan intencionalmente morosos. Quienes somos casi coetáneos ilusos del PNR abuelo hemos visto crecer a los partidos en sus aspiraciones democráticas y en capacidad de concertación política. En lo que atañe al PRI, sus enemigos intentan desaparecerlo, pero esto es y será un anhelo imposible de satisfacer, así naciera un nuevo porfirismo disfrazado de triunfalismo democrático. El PRI no se acabó, como proyectaba Vicente Fox, ni se acabará bajo el Gobierno de Felipe Calderón o López Obrador. Nuestro país, está atento al pacto político nacional convocado por el presidente de la República en el vórtice de las acumuladas tragedias meteorológicas y delictivas que sufre hoy por hoy la nación mexicana.
Agrego unas líneas para expresar a la familia Amparán Hernández nuestro sentimiento personal y familiar por la muerte inesperada de Francisco José Amparán. Paco es ahora una ausencia que lamenta la cultura coahuilense y mexicana. El humanismo de Amparán se evidencia en su rica y madura producción literaria. Inquieto intelectual y escritor, siempre abierto a todas las expresiones de la literatura, fue así mismo un maestro destacado y un cordial conversador y amigo. Descanse en paz.
Pongo punto final a esta nota y en ese preciso instante escucho una voz que me informa otras dos muertes, éstas debidas a la fatalidad. Ayer mismo a las 10:30 horas murieron en un accidente aéreo dos buenos funcionarios públicos de Coahuila: los licenciados Homero del Bosque Dávila, Secretario de Obras Públicas y José Manuel Maldonado, alcalde de Piedras Negras, quienes hacían un recorrido de inspección, junto a otros servidores públicos, sobre los daños causados por la perturbación atmosférica que se abate en la región noreste del país y especialmente en la fronteriza de Coahuila. Al gobernador de Coahuila, Humberto Moreira Valdés, y a las familias de los ahora occisos, les expresamos nuestro pesar por esta desgracia, que se agrega a otras ya sufridas a causa de este violento tornado y de otras anteriores ya sufridos y lamentados.