No hay fecha que no se llegue ni plazo que no se venza dice el refrán. Así se puede describir lo que habrá de vivirse pasado mañana, 4 de julio, cuando se elija al nuevo gobernador de Durango, y los 38 alcaldes de todos los municipios duranguenses, además de la renovación del congreso local, donde los nuevos diputados estatales serán ungidos con el sufragio ciudadano. En el resto del país, diez gubernaturas estarán en juego y catorce legislaturas locales, mas munícipes también.
Para efectos vale la pena ver para estas regiones es saber qué es lo le depara el nuevo gobernador para Durango ungido el próximo domingo y que verá extinguirse su poder absoluto y local hasta el 2016, tal como lo fue el sexenio que está a meses de concluir.
Tanto el Contador Público Jorge Herrera Caldera como el Doctor en Derecho José Rosas Aizpuro, son los únicos con posibilidades reales de alcanzar el triunfo. Y decir eso es sólo por darle chance a Rosas, que ciertamente a 48 horas de su elección en el fondo de su interior sabe que su cálculo político fue equivocado, y salvo una intervención de la Virgen de Guadalupe, su suerte como candidato está echada, y la maquinaria priista, de la cual él fuera parte por décadas, celebrará su triunfo derrotándolo a sí mismo y levantándole la mano a Herrera Caldera.
En tanto Jorge Herrera será un misterio. ¿Por qué? Porque su experiencia política es corta, y posiblemente no suficiente para manejar un estado con tantas carencias, y lleno de aristas que hasta ahora sólo parcialmente han sido atendidas.
Hace 7 años, Herrera Caldera manejaba y crecía el negocio de bicicletas que su padre había iniciado a edad adulta, y que el candidato conoció cuando su progenitor aunque con mucha experiencia, aún tenía edad para aventurarse en la creación de una empresa que a la postre, sería generadora de decenas de empleos que ocupan a cientos de durangueses.
Sin embargo, es más allá de un misterio el por qué el gobernador actual, Ismael Hernández Deras eligió a Jorge como su sucesor; un hombre carente hasta entonces de experiencia en las artes políticas (hoy casi toda la política mexicana, es pura politiquería, por no decir que porquería completa) vale la pena intentar entender qué es lo que puede cambiar cuando, si no hay una verdadera sorpresa, Herrera suceda a Hernández como gobernador.
Primero hay que hablar del origen. Ismael es un hombre que desde temprana edad mostró tablas para ascender en el organigrama priista estatal, y con esa característica, pronto en su trayectoria, entendió los procedimientos y formas y es base a su propia capacidad, en poco tiempo ocupó diversos cargos públicos y electorales: fue diputado local, diputado federal, alcalde y senador. Con mucha valentía, supo en 2003, derrotar en su elección interna a Don Carlos Herrera para la candidatura a la primera gubernatura estatal, y desde 2004, hasta septiembre de este mes, ha sido la decisión final de todos los movimientos de relevancia media y alta en el mundo político.
Eso es natural, Ismael si algo sabe hacer bien, es política duranguense, por ello es la incógnita de qué seguirá. ¿Cómo entender que un político de cepa no dejó en el cargo a uno de su especie? Y aunque Herrera ciertamente es "hermano" del gobernador actual, no pueden ser lo mismo. Hernández Deras sabe cómo vivir y triunfar en la polaca, en tanto Herrera Caldera, después de una exitosa carrera empresarial, meteóricamente está casi instalado como gobernador.
No habrá muchas sorpresas este domingo, como ya se ha escrito en este espacio, la alegría de la victoria lo más probable es que sea para el PRI, pero los que viven y tienen vínculos directos hacen votos para si bien capitalizar el trabajo de infraestructura que ha creado el gobierno estatal saliente, sea capaz de devolver la seguridad mínima que la ciudadanía tiene derecho a exigir, y que el gobierno por concluir no supo, no pudo, o lo que es peor, no quiso mejorar.